Lunes 22 de Julio de 2024 | San Luis Potosí, S.L.P.

10 sugerencias españolas para disfrutar del ‘veroño’

EP | 21/09/2023 | 19:51

Es el momento de apelar a su sostenibilidad, conservación y limpieza, aunque solo sea por el placer sensual y espiritual que procura su simple contemplación. Y para ello, qué mejor que disfrutar los arenales en el veroño, época a la que probablemente se trasladará, por el cambio climático, la temporada alta turística. Adiós al sol africano; se acabaron los precios desorbitados, tanto como las aglomeraciones.
 
En estas 10 playas mediterráneas, además, la tibieza del agua está asegurada hasta finales del mes de noviembre.
 
La Costa Brava más espaciosa: Castell-Platja d’Aro (Girona)
De una anchura insólita para el tenor de la costa gerundense, Sa Conca es una de las calas predilectas del consultor turístico Martí Sabrià: “Ni es urbana ni virginal: comparte ambos modelos, consiguiendo las construcciones pasar casi inadvertidas, lo que transmite una honda sensación de relajamiento”, dictamina este experto en la Costa Brava. “Además de pulcra, resulta mucho más espaciosa de lo que se percibe a primera vista”, remata.
 
El sol juega en el brillo de las rocas erosionadas en este escenario con tonalidades rojizas. Y los pinos no solo asombran la parte trasera, también prosperan en puntas y peñascos, ajustándose al estereotipo costabravense. Una de las peñas sirve de parteaguas sobre la orilla, en la que es mejor elegir el coqueto sector de levante por tener un escalón de acceso al mar menos abrupto. En Sa Conca ondea la bandera azul.
 
En el chiringuito, limpio y cuidado, sirven pescados y mariscos (no paellas) hasta el próximo 1 de octubre. Un secreto a voces es la presencia recurrente en la playa del entrenador del Barça, Xavi Hernández.
 
Es obligado recorrer, antes o después del baño, el Camí de Ronda que parte de Sa Conca y rodea en media hora la urbanización de S’Agaró, proyectada por el arquitecto Rafael Masó y que en 2024 cumplirá su centenario. Una vez en la playa de Sant Pol tendremos a mano el restaurante Villa Mas, enclavado en una casa modernista. El menú de fin de semana, sin bebidas, cuesta 35 euros. Cerrará por temporada el 15 de noviembre.
 
Guadalquitón, un paraíso amenazado en el Estrecho: San Roque (Cádiz)
Esta playón de unos 2.200 metros de longitud es uno de los secretos mejor guardados de la costa gaditana de poniente, es decir, la bañada por el Mediterráneo. En el tramo natural que se estira entre las urbanizaciones de Sotogrande y Alcaidesa se halla Guadalquitón, enclave del gusto nudista, coincidente con el embalsamiento de un arroyo. Lo mejor para acceder es dirigirse al faro de Punta Carbonera —uno de los mejores secretos fareros de España— atravesando la urbanización Alcaidesa por la avenida del Golf. Una pista de tierra conduce hasta los espectaculares búnkers que defienden el faro. Desde aquí caminaremos un kilómetro de playa virgen compuesta de arena gruesa de color gris entreverada con cantos rodados.
 
Los intentos de urbanizar las fincas del Guadalquitón y Borondo, que fueron zona militar y llegaron a estar incluidas dentro del parque natural de Los Alcornocales, cayeron en saco roto, en buena medida por la presión ecologista. Disfrutemos, por tanto, de la apacibilidad excepcional que proporcionan estas aguas limpias, caldeadas por el viento de levante moderado; el poniente, curiosamente, calienta la atmósfera pero enfría las aguas. Hasta la orilla se dejan ver alcornoques junto con el clásico sotobosque mediterraneo de palmitos, brezos y lentiscos.
 
Un bañista, de nombre Ismael, se atreve a pormenorizar la banda sonora del Guadalquitón: “Aparte del viento y el oleaje, el croar de las ranas, el chapoteo de algún pajarillo en el arroyo y el mugido del pastoreo vacuno.” Muy ocasionalmente, los bañistas observan el paso de manadas de delfines.
 
Cala natural en el cabo mejor preservado: Cartagena (Región de Murcia)
El espacio protegido en el que se inscribe el cabo Tiñoso es el más claro escaparate de la naturaleza mediterránea y, en general, del paisaje original costero en la Península. Para conocerlo pasaremos primero por los repetidores del Cabezo de la Panadera, constituido en absoluta tribuna sobre el golfo de Mazarrón. Después sobrevolaremos abruptos relieves. Vista la eclosión urbanística de Mazarrón, este tramo de costa roza la emoción de la realidad virtual. A los pies, el mar alzado contra el cabo como un farallón acuoso.
 
Pasado un portón de la vieja carretera militar está la escueta zona de aparcamiento (señalizada en Google Maps). El descenso a Cala Cerrada no es muy dificultoso (no ir por el fondo del barranco), no tiene pérdida y, de camino, se rodea un curioso peñón y se pasa por un bosquete de pino carrasco, por si el sol castiga demasiado. Hay que calcular 50 minutos de bajada para negociar 205 metros de desnivel. Aquí sobrevive un sotobosque mediterráneo compuesto, entre otras especies, de esparto y palmitos.
 
Como su propio nombre indica, esta cala de bolos pequeños se muestra muy protegida, razón de que muchos vecinos de La Azohía acudan en barca para disfrutarla. A mano derecha, según se mira al mar, existe un pequeño abrigo. Cubre enseguida y, al estar declarada reserva marina, sus aguas invitan a llevar gafas y tubo para observar meros, dobladas, corvinas negras o castañetas. El centro de buceo Rivemar pone rumbo a Cala Cerrada solo con buceadores titulados.
 
Siempre es buena idea hacer el camino de regreso por la tarde para mitigar el calor. Al final del día, algunos optan por la terraza del Antipodas Tavern, en La Azohía.
 
Senderismo desde Torres a la torre vigía: la Vila Joiosa (Alicante)
Con el otoño llega la temporada senderista. Y si hay un tramo de costa intocada en la Costa Blanca recomendado para familias ese es el que une la playa del Torres (esta sí, en proceso de urbanización) con la torre vigía de El Aguiló, por la ruta Colada de la Costa. Son unos siete kilómetros sin grandes desniveles, entre ida y vuelta, que se cubren en unas dos horas y media.
 
La zona oriental de la playa del Torres atrae a los practicantes del buceo de superficie y de ella parte el sendero que embocaremos, no sin antes haber reservado la paella en el restaurante del camping El Torres, de nombre El Trébol. El aledaño chiringuito Efímero hace honor a su nombre y aguantará abierto hasta finales de septiembre, si el tiempo acompaña.
 
Esta antigua vía pecuaria nos adentra en una costa que no ha sucumbido a la especulación, desde la que se perfila la isla de Benidorm, pasando por encima de Cala Fonda y de la cala de los Erizos. Sin bajar al Racó del Conill, enlazaremos con el sendero a la torre de El Aguiló, del siglo XVI y planta cuadrada, alzada 142 metros sobre el mar. Ante nuestra vista se ofrece La Cala de Finestrat y el skyline de Benidorm. Ahora sí, bajaremos para bañarnos en el Racó del Conill, por donde hemos subido o bien por la cresta de la montaña. En este dúo de preciosas caletas de piedrecillas muy del gusto nudista, pasaremos el resto de la mañana.
 
Arena, agua de cristal y buen rollito en el Migjorn (Formentera)
La magnitud de la playa más dilatada de la isla de Formentera, la del Migjorn (en el sur), solo es comparable a la impresión que causa. Entre el cabo de Barbària (Berbería, en castellano) y La Mola, cerca de seis kilómetros de arena fina se fusionan con un mar de coloraciones zafiro, que más parece producto de un artificioso truco fotográfico.
 
Los domingos siguen cocinándose paellas hasta para 300 comensales en el Restaurante-Chiringuito Pelayo, pero al hostal Sol i Mar, ajeno a la expansión ruidosa del tráfico, le quedan dos semanas antes de que eche el cierre por fin de temporada.
 
Els Arenals, la franja donde más se estrecha el istmo formenterés, es la que, como su nombre indica, conserva los mayores aportes de arena, pero su condición descubierta frente al oleaje exige a los bañistas obedecer a rajatabla las banderas de aviso.
 
El chiringuito Piratabus tienta por su clientela heterogénea y su música chill-out. El aragonés Pascual Hernández lo puso en marcha en una fecha tan temprana como 1971 en un destartalado autobús que hoy da nombre a la moderna estructura. A Hernández —acompañado de su esposa, Edith— se le suele ver por la tarde jugando a la petanca o al voley. La última cerveza del día, con el sol hundiéndose por el mar, es la que mejor sabe.
 
No dejar de fotografiar el Caló des Mort, a solo 10 minutos a pie de Els Arenals. De paso podremos probar las hamburguesas caseras del kiosko de Bartolo, uno de los chiringuitos de mayor tradición popular en la isla.
 
‘Camping ‘a la última en Cabo de Gata (Almería)
En el parque natural de Cabo de Gata-Níjar, la cala de San Pedro monopoliza las excursiones que parten del puerto de Las Negras, olvidando que, justo en sentido contrario, se oculta, muy cerca, La Caleta del Cuervo, virgen, aislada visualmente, con 140 metros en los que se integra una combinación de arena gruesa y roca entallada en la base del cerro de la Molatilla. Un escenario de origen volcánico tranquilo y familiar, en el que los camaleones hacen a veces acto de presencia, recorrido a menudo por buceadores de esnórquel, así como por submarinistas en busca de cuevas marinas, en especial la cueva de las Palomas, accesible también en barca o paddle surf. Otra opción es marchar media hora a pie por el Sendero de la Molata hasta el castillo de San Ramón y el Playazo de Rodalquilar.
 
El clásico camping que ocupaba la parte trasera de La Caleta del Cuervo ha dejado paso al Wecamp Cabo de Gata, una nueva generación de campings bien equipados y sostenibles. Aparte de las parcelas, existen vistosas tiendas de glamping, tiendas domo, con estructura geodésica (para dos personas), además de cabañas, bungalós y mobil homes (casitas prefabricadas). Se organizan actividades acuáticas, astronómicas y de turismo pesquero con alguno de los barcos artesanales de Las Negras.
 
Dos ‘beachs clubs’ pregonan Cala Nova: Santa Eulària des Riu (Ibiza)
Hacia el norte de Ibiza, las construcciones de Es Canar, localidad conocida por su Hippy Market Punta Arabí, acaban en el Bless Hotel Ibiza, marca de lujo del Palladium Hotel Group. Este alojamiento cuenta con el restaurante Etxeko Ibiza by Martín Berasategui, con una estrella Michelin. Más allá se extiende Cala Nova, una cala rodeada de pinos, con pocas edificaciones y en parte salvaje, relativamente larga. Este septiembre conserva poca arena, por lo que se agradece la falta de alquileres de hamacas y sombrillas: menos apelotonamientos. Cuando el Mediterráneo está en calma, el agua se muestra cristalina frente al islote de Es Canar y a un ángulo de la isla de Tagomago. En el más extraño de los contrastes, los días de fuerte oleaje es la playa de la isla que registra mayor número de surfistas.
 
Dos glamurosos beach clubs animan el lugar con su ambiente chic, lo esperado en un restaurante playero ibicenco. El Aiyanna Ibiza suma seguidores con su cocina fresca, orgánica, internacional... que se añade a la gastrocamioneta de zumos y a la boutique ibicenca. Al amanecer, la estrella son los cursos de yoga (de lunes a viernes), seguidos de un desayuno más que saludable. ¿Existe mejor antidepresivo? Preguntar por las actuaciones de fin de semana. El Atzaró Beach es otro escenario de relax en Cala Nova, con camas balinesas, cócteles y un equipo de profesionales atento.
 
Marciano colorido en cala Pregonda: Es Mercadal (Menorca)
Entre la playa de Cavalleria y Cala Morell se extiende la costa de Tramuntana más salvaje y de aguas más nítidas de Menorca, que ya es decir. La sola caminata de 35 minutos desde el aparcamiento público de la playa de Binimel·là se sale de la categoría de lo rutinario. Y es que la inmersión cromática llega al paroxismo en este espectáculo geológico que se diría marciano a ratos, pictórico las más de las veces. Granates, areniscas rojas, esquistos grises perlados compiten con los verdes de la campiña que sirve de contrapunto al azul penetrante del mar. No extraña saber que aquí hubo una factoría romana de púrpura.
 
El agua no puede presentarse más limpia en Pregondó, la primera cala en aparecer y la que registra dunas de exposición. Una portezuela en el acantilado permite acceder a la semivirgen cala Pregonda, cuyas viviendas y el pasar de los coches suponen una desconcertante sensación de intrusión. Lo cansino de andar por este arenal habla de su textura insuperable, y el baño, tan resguardado de las olas y el viento, apenas presenta complicaciones. Un pináculo y varios escollos —las Peñas Blancas— de roca desgastada por la fuerza corrosiva del agua afloran de forma mayestática en medio de la rada. Esta imagen saltó a la carátuta del disco Incantations, cuarto álbum de estudio de Mike Oldfield.
 
Es buena idea tener siempre en cuenta las paellas mixtas del clásico restaurante Binimelà (971 35 92 75), que abre hasta mediados de octubre. Dispone de párking para clientes.
 
Drones salvavidas en Puerto de Sagunto (Valencia)
En la costa levantina, por efecto de las corrientes predominantes, se suelen formar grandes acumulaciones de arena al norte de los diques portuarios. Ocurre en Valencia, en Castellón de la Plana y, por descontado, en Sagunto: una vasta playa de arena muy fina color dorada y sin piedras se apoya en el dique, resultando más ancha en su zona sur (unos 300 metros), donde diversas pasarelas atraviesan la zona dunar, muy castigadas por los temporales y en fase de regeneración. Mide 1,3 kilómetros de largo, abunda en instalaciones —lo acredita su bandera azul—, se tarda mucho en perder pie y fue pionera en España en el uso de drones equipados con chalecos salvavidas, que se hinchan al entrar en contacto con el agua. En 2022 salvaron la vida de 22 personas en estas costas.
 
Tras el disfrute de una mañana de playa, nos desplazamos al teatro romano para comer al lado, en Le Fou, restaurante de cocina creativa con productos locales y acento francés, que este septiembre rinde tributo a la cocina sefardí, con platos como los keftas de cordero con bulgur y yogur a la menta. Hay un menú de 32 euros, y otro de Picadas (tapitas, carne y postre), de 28. Para los días en que se celebra función teatral se sirve una cena rápida entre 20.00 y 21.00, por 28 euros. En los precios de los menús las bebidas no están incluidas.
 
Quedará visitar por la tarde el castillo, con su estupendo museo epigráfico. El paseo marítimo es centro de restauración de la zona, así que la animación nocturna está asegurada.
 
El apéndice de Llucmajor (Mallorca)
¿Tratamos de imaginar cómo era Cala Pi antes de que fuera urbanizada? Para ello solo hay que acercarse a este litoral que finge ser un apéndice o fiordo de 400 metros de profundidad y donde desemboca un torrente. Tras bajar 147 escalones, lo primero que se exterioriza son los escars o casetas rectangulares de pescadores con rampas sobre las que no es fácil mantener el equilibrio. En Cala Pi, que ostenta el distintivo de ecoplaya, sorprende la arena lechosa atrapada en el profundo entrante, desde el que no se vislumbra el horizonte marino.
 
Prosiguiendo a pie por la margen derecha —no urbanizada— se disfruta entre pinares de la embocadura de la cala y de la torre almenara que la escuda, sobre una blanca oquedad situada en la base del cantil. Fue la última torre en alzarse por estas costas, en 1663, merced a su ya de por sí disuasorio emplazamiento. Quien lo desee puede llegar en 15 minutos a la cala Beltrán. Dicen que la usó para esconderse el corsario Barbarroja, pero lo que es seguro es que fue escondite para generaciones de contrabandistas.