¿A dónde vas tan de prisa? ¿Es el tiempo quien te persigue? ¿Estás respirando rápido o estás tranquilo(a)? ¿Hoy hiciste lo que nació de tu corazón o te sientes frustrado(a) y aburrido(a)? ¿Cuándo fue la última vez que tomaste una decisión desde el descanso profundo y que te llevó a sentirte alegre y satisfecho(a)? La energía que nos moviliza hacia la consecución del deseo propio, proviene de nuestras profundidades.
Para llegar allí, hay que quitar primero lozas pesadas de mandatos familiares y sociales. Al final podemos elegir lo mismo que muchos(as) y eso está bien, pero con una carga simbólica y una profunda autenticidad propias. ¿Sabes cuántas veces escucho diariamente la melodía de la tristeza en las consultas terapéuticas, cuando entre lágrimas las personas aceptan que no querían recorrer el camino de su vida de esa forma? Me hubiera gustado tanto dedicarme a la veterinaria, a la herbolaria, a la medicina, a las letras y la filosofía, a viajar etc. También escucho: Yo no quería ser Mamá, no me gusta lo que hago, pero es la tradición familiar, mi jefe me maltrata, mi jefe me acosa, mi jefa es violenta, ya no soporto. Sigo en casa de mis padres porque amenazan con dejarme de hablar si me voy, tengo que cuidar a mi abuelo en su alcoholismo y por ende no puedo… Y así, un largo y melancólico etc. Es posible que justo en este momento estés escuchando en tu mente, una letanía de reclamos enojados, es posible que la indignación salga a defender la creencia estructural que al parecer es seguridad y supervivencia. Como, por ejemplo.
¿Cómo es posible que alguien no quiera ser mamá? ¡Pues hay que trabajar en lo que se pueda, muchos no podemos elegir! ¡No voy a ser mal nieto y abandonar al abuelo! Si no se sigue en el trabajo, no habrá otro, se puede “capotear” al jefe, hay hijos que atender. Piensa en tu línea de vida. Si fueses El o La protagonista de tu historia;
¿Cuáles han sido los nudos del tejido dramático? Como en las películas, cuando a los personajes les sucede algo que les cambia la vida y se enfrentan a sí mismos(as) y entonces la historia se pone interesante y como espectador(a) te conectas con Él o Ella y emocionado(a), quieres que lo logre, que vuelva a encontrar la luz, que decida, que elija por sí mismo(a), que se encuentre, que venza, que conecte con su deseo. ¿En qué parte de tu filme propio estás? Y con esto no me refiero a que todos los destinos tengan que ser de aventuras o llenos de acción o romance apasionado, no. Puede ser una vida tranquila que se embelesa con un paisaje, con la sonrisa de sus hijos, el olor de un guiso, el frescor del viento que entra por una ventana por la tarde, las travesuras de la familia perruna y las risas de los amados. Pero que puede precisamente disfrutar de estas bellezas de la vida, porque ya estuvo frente a la gran encrucijada de decidir su destino por elección propia, porque se conoce, porque ha estado en contacto consigo mismo(a).
En muchas ocasiones los obstáculos son muy grandes, la propia familia, los prejuicios sociales, el dogma, una enfermedad, una circunstancia, la violencia, las pérdidas etc. Pero en el mejor de los casos, estos dolores de la vida nos pueden llevar a diferentes caminos. Podemos fugarnos en adicciones, amargarnos, abandonarnos, victimizarnos o ir tomados de la mano de la Sabiduría hacia adentro, muy adentro de nuestra Alma y salir de nuevo airosos, en el viaje del héroe o la heroína en nuestra historia. Recostarse en relajación, sin interrupción, como un ritual sagrado y con los ojos cerrados y preguntarle a nuestro cuerpo físico. ¿Cómo te sientes? Cuéntame que te duele. A nuestro cuerpo emocional; Muéstrame ¿Cuáles emociones están aún en mí creando corazas?, es un ejercicio de mirada interna. La mayoría de las veces entraremos en un profundo llanto inmensamente sanador. Los recuerdos llegarán en un desfile de imágenes y nos vamos a permitir llorar como lo hace un niño(a), sanamente, sin opresión, ni represión. Amigo(a) querido(a), cuando regreses del viaje, serás más tú. Te habrás abrazado, consolado, protegido.
Habrás estado en la Divina presencia. Si te das cuenta de que te sobrepasa y de que hay heridas profundas, traumas de cualquier nivel. ¿Quién te dijo que hay que vivir lastimado(a)? Date el regalo de amor más grande: Sanar. Acompáñate en terapia, elige a alguien con quien te sientas seguro(a) y puedas notar los avances internos. Es de héroes o heroínas tomar las riendas de tu mundo interno, de tus emociones, de tus dolores, de tu psiquis.
Tomar el sol en tus manos, tomar la luz del discernimiento, del amor propio, de tu autenticidad y mirar a tu Alma de frente te convierte en quien viniste a Ser. Tomar la decisión de vivir o ser vivido, de pensar o ser pensado, nos lleva a crear un nuevo camino, una posibilidad auténtica y de transitar un Destino propio, uno creado desde el deseo o anhelo del Alma, uno que nos haga salir de la indecisión, la duda y la falta de fe. Uno que nos conecte con nuestro sol interno, un sol bello y lleno de bendiciones. Uno que aporte al resto de la humanidad a una persona realizada y por ende más optimista y feliz, porque se ha abrazado a si mismo(a). Tomar un bello sol en tus manos que nos ilumina a todos, nos inspira y nos invita a los demás a hacer nuestra propia individuación o alquimia sagrada.
Gracias por caminar juntos.
Tu terapeuta
Claudia Guadalupe Martínez Jasso.