La Chapecoense atraviesa uno de los momentos más complicados de su historia reciente. El conjunto brasileño confirmó su descenso a la segunda división luego de perder 1-2 ante Mirassol, resultado que lo dejó sin posibilidades de mantenerse en la máxima categoría cuando todavía restan cinco jornadas por disputarse.
El equipo de Chapecó, en el estado de Santa Catarina, cayó de una manera dolorosa. Un penalti polémico y un desafortunado autogol de su portero Anderson terminaron por sentenciar el encuentro y confirmar una temporada marcada por los malos resultados y la inestabilidad deportiva.
La caída no se explica únicamente por esta derrota. Durante el campeonato, el club tuvo cuatro entrenadores, un presupuesto limitado y dificultades para encontrar una plantilla competitiva. Incluso pasó ocho meses sin conseguir una victoria, una racha que terminó por complicar sus posibilidades de permanencia.
El inicio había generado cierta ilusión después de vencer 4-2 al Santos, pero aquel resultado terminó siendo un espejismo. Gilmar Dal Pozzo fue despedido tras sumar cuatro empates y tres derrotas en sus siguientes siete compromisos. Después llegaron Fábio Mathias y Rafael Lacerda, sin que el equipo consiguiera una reacción suficiente.
Durante el parón por el Mundial, la directiva intentó cambiar el rumbo con una renovación importante: salieron 15 futbolistas y otros tres fueron cedidos, mientras que llegaron 11 incorporaciones. Sin embargo, los nuevos jugadores tampoco lograron transformar el rendimiento del equipo. Entre ellos estuvo el colombiano Dylan Borrero, quien apenas disputó cuatro partidos y 81 minutos, sin goles ni asistencias.
Los números reflejan las dificultades de Chapecoense: suma 21 puntos, ha recibido 68 goles y apenas consiguió mantener su portería en cero en dos ocasiones. Además, registra 33 anotaciones, la misma cantidad de partidos que ha disputado en el campeonato.
El descenso llega apenas un año después de que el club consiguiera regresar a la primera división. Para una institución que quedó marcada mundialmente por el accidente aéreo de 2016, este nuevo golpe deportivo representa otro capítulo complicado en su intento por recuperar estabilidad y protagonismo en el futbol brasileño.