El Real Madrid de José Mourinho volvió a demostrar que nunca se le debe dar por muerto, ni siquiera en las tardes más grises y en los escenarios más hostiles. En un choque de alto voltaje en la capital griega ante un combativo AEK de Atenas, los merengues tiraron de épica y mística europea para sellar una victoria agónica por 2-3 en el último suspiro, dando continuidad a la buena racha iniciada con la recordada remontada ante la Roma.
El técnico portugués apostó por mover sus piezas, devolviendo la titularidad a Éder Militão y Vinícius Júnior, además de formar un medular inédito con Eduardo Camavinga y Bernardo Silva para dar descanso a Tchouaméni y Arda Güler. Sin embargo, el arranque en Atenas estuvo muy lejos de ser el esperado.
Los primeros minutos fueron un auténtico calvario para la zaga madridista. Los locales salieron con una marcha más y amenazaron descaradamente el área española, obligando a Thibaut Courtois a vestirse de héroe con tres intervenciones providenciales en apenas veinte minutos. Nada pudo hacer el meta belga al 12', cuando el senegalés Koïta mandó a guardar un soberbio disparo para adelantar al AEK e incendiar la tribuna.
El golpe despertó al Madrid, que fiel a su costumbre, encontró el gol antes que la fluidez en el juego. Tras un primer aviso donde se anuló un tanto a Jude Bellingham por un milimétrico fuera de juego, la justicia llegó al minuto 32. Marc Cucurella proyectó por la banda izquierda y mandó un centro tenso al área que Bellingham transformó en arte puro, mandando el balón a la red con un taconazo de antología. Con el 1-1 y la figura de Camavinga agigantándose en la recuperación, los de Mourinho lograron amortiguar la tormenta helena antes del descanso.
La segunda mitad inició con un Real Madrid dominador. Cucurella acarició el segundo en una llegada clara, pero el guardameta Brignoli sostuvo al AEK con uñas y dientes. Los minutos transcurrían en una ida y vuelta constante donde los locales no renunciaban al contraataque.
Mourinho decidió agitar el banquillo dando entrada a Fede Valverde y Endrick para liquidar la contienda, pero el drama estaba reservado para el tramo final. En el 75', un descuido defensivo le permitió a Pilios fusilar en el área y poner el 2-1 que hacía presagiar la tragedia merengue.
Sin embargo, la reacción madridista fue inmediata. Solo dos minutos después (77'), Denzel Dumfries escaló por la derecha y sirvió un bombón para que Kylian Mbappé rematara de cabeza al fondo de las mallas, poniendo el 2-2 en el marcador. El propio astro francés pudo vestirse de héroe al 86' tras un pase quirúrgico de Endrick, pero su disparo se estrelló violentamente en el larguero.
Cuando el empate parecía un destino inevitable en el asedio final de los blancos, apareció la estirpe y la garra de Fede Valverde. En el minuto 92, el uruguayo cazó un balón fuera del área y sacó un bombazo teledirigido que superó la estirada de Brignoli, silenciando el recinto ateniense y desatando el júbilo en el banquillo visitante.
El Real Madrid firma así un triunfo de oro (2-3) en una visita sumamente incómoda. Un partido de sufrimiento puro donde el fútbol no siempre fluyó, pero donde la jerarquía individual y el gen competitivo terminaron imponiendo condiciones en la Champions League.