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Noche de mística en el Azteca: Borja se viste de héroe con una chilena de leyenda en el Clásico Nacional

Plano Deportivo | 19 Septiembre 2026 | 00:20

Hay noches en las que el fútbol deja de ser un juego de números para convertirse en una cuestión de fe. El Clásico Nacional de este torneo amenazaba con ser un monólogo rojiblanco, una pesadilla perfecta pintada de frustración para el americanismo. Sin embargo, el balón guardaba una última palabra, una pirueta imposible colgada del cielo que transformó el desastre en una gesta memorable.

El Guadalajara saltó al terreno de juego a comerse el partido. Con la precisión de quien sabe a qué juega, Chivas inclinó la balanza al minuto 32 cuando Bryan González remató de cabeza un centro impecable de Omar Govea para el 0-1. El golpe descolocó al América, que no encontraba la brújula y terminó de desplomarse en el descuento de la primera parte: un desafortunado autogol del juvenil Miguel Vázquez en el 45'+2' mandaba a las Águilas al descanso con un 0-2 pesado, casi categórico.

Pero el vestidor azulcrema resopló orgullo para el complemento. Andrés Jardine quemó sus naves desde el banquillo y la entrada de Miguel Borja al minuto 66 terminó por cambiar la historia del partido.

Corría el minuto 71 cuando Brian Rodríguez metió un centro bombeado al corazón del área. La jugada parecía pedir un control o un frentazo incómodo entre la marea de camisetas chivas, pero Borja eligió la inmortalidad. De espaldas a la portería, se elevó en un gesto acrobático magistral, dibujó una chilena perfecta en el aire y mandó a guardar el balón al fondo de la red. Una obra de arte que congeló el aliento del Rebaño y provocó un estallido en las tribunas que bien pudo haber sacudido los cimientos del estadio.

El impacto del golazo desarticuló por completo a la zaga tapatía. Apenas tres minutos después, al 74', Henry Martín sirvió con ventaja para que el propio Borja, encendido por la mística del momento, firmara su doblete con un remate letal que puso el 2-2 en el marcador.

Los minutos finales fueron una guerra de trincheras: Santiago Sandoval estrelló un zurdazo en el poste para Chivas, la zaga americanista sacó balones del área con los dientes y Cristián Borja terminó pintado de amarillo al 90' en medio del roce y la tensión del silbatazo final.

No hubo ganador en los puntos, pero la retina del aficionado se llevó un premio mayor. En una noche donde todo parecía perdido, el América apeló a su historia y Miguel Borja firmó una chilena para el recuerdo en las páginas más brillantes del Clásico Nacional.

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