Tan cerca y a la vez tan lejos. Esa debe ser la amarga sensación de Martín Palermo tras ver cómo se le escapó de las manos una hazaña histórica ante Fluminense. Pese a acariciar el milagro en el Estadio Vicente López, el gol de Agustín Canobbio en el segundo tiempo echó tierra de por medio para sellar el boleto carioca a la siguiente fase de la Copa Libertadores, dejando en anécdota las anotaciones de Bruno Mainero y Bruno Sepúlveda.
La historia del "Calamar" y de su propio entrenador está marcada por momentos heroicos, y este cruce ante la potencia brasileña parecía destinado a sumarse a la lista de milagros. El cuadro argentino, que encaró la eliminatoria bajo la premisa de David contra Goliat, salió dispuesto a romper los pronósticos con el respaldo total de su afición en una primera parte para el recuerdo.
A la media hora de juego, Mainero abrió el marcador con la complicidad de un desvío en Millán Díaz. El tanto descolocó por completo a un Fluminense desconocido y sin control del partido, donde su gran referente, Hulk, lució errático. La fiesta local alcanzó su punto máximo en el tiempo de descuento de la primera mitad, cuando Sepúlveda conectó un certero testarazo a centro de Mainero para igualar el global y desatar la locura en las tribunas.
Sin embargo, a un equipo de la jerarquía e inversión del Flu no se le puede dar por muerto. En la parte complementaria, los dirigidos por Marcão ajustaron líneas y aprovecharon la única falla grave del rival para inclinar la balanza. A la hora de partido, un error en la salida de Merlini en el tercio final permitió una transición letal: Martinelli conectó con Hulk y este filtró la pelota para Canobbio, quien tras un gran recorte liquidó la burbuja de oxígeno de Platense.
En los minutos finales, Palermo mandó al campo a Zappiola en busca del milagro final. La oportunidad dorada llegó sobre el silbatazo, pero el guardameta Fábio se vistió de héroe con una milagrosa doble atajada sobre la línea ante remates de Sepúlveda y Retamar. Platense se despide con una derrota dolorosa pero con la cabeza en alto, demostrando que con trabajo compitieron al tú por tú ante los gigantes del continente.