El futuro de Santi Giménez sigue siendo una incógnita. Cuando sólo quedan algo más de dos semanas para que se cierre el mercado las dudas sobre su situación crecen. Hace pocos días todo parecía decidido. Había rechazado la posibilidad de ir a la Lazio, donde Gattuso, su técnico, le quería. Se cerró esa puerta y parecía que el acuerdo con el Porto era un hecho, según se informaba desde Italia.
Sin embargo, en estos últimos dias ha habido un giro de los acontecimientos. Rúben Amorim, nuevo entrenador del Milan, no ha incluído al delantero mexicano en la lista de transferibles. Eso significa, en principio, que cuenta con él a pesar de que su gran apuesta es Gonçalo Ramos, el delantero portugués por el que el equipo italiano pagará casi 80 millones de euros, convirtiéndose en el fichaje más caro de la historia del conjunto transalpino.
Giménez está inmerso en estos momentos en un laberinto. Su posible llegada al Porto parece haberse enfriado. También ha aparecido el nombre del Betis, mientras que la Lazio parece descartada, aunque en este mundo del fútbol todo es posible. La opción de quedarse en el Milan gana enteros, pero el delantero mexicano parte con el hándicap de que está lesionado y de que tendrá que pelear por un puesto con el nueve que ha pedido el entrenador y es el futbolista por el que más dinero han pagado en su historia.
Santi lucha también contra el tiempo, que se le va acabando. Debe decidir qué es lo mejor para él. Si se queda en el Milan sabe que tendrá que pelear contra el delantero favorito del entrenador, Gonçalo Ramos. A su favor, el saber que el entrenador no le ha puesto en el mercado. Además, la afición quiere ver sobre el césped a Camarda, un joven canterano del equipo italiano que también juega de delantero, con lo que este también es un factor en contra.
¿Una estrategia?
El Porto era una gran oportunidad ya que se trata de un grande de Europa que también jugará la Champions esta temporada. Habrá que esperar para saber si lo que parecía un hecho, su fichaje, se ha roto definitivamente o es también una estrategia para que el Milan baje sus pretensiones. Giménez tiene la última palabra, pero sabe que con 25 años debe elegir bien para que su carrera no se estanque. Ahora vive en un laberinto del que no debe tardar en salir muchos días.