El sueño de la Selección de Suiza de instalarse de forma histórica en la antesala de la gran Final de la Copa del Mundo 2026 se derrumbó con tintes sumamente dramáticos. El combinado helvético cayó 3-1 a manos de la Selección de Argentina en un duelo extenuante que requirió de los tiempos extra, pero el análisis post-partido quedó completamente eclipsado por la incendiaria postura del capitán Granit Xhaka, quien señaló al juez central de inclinar la balanza a favor de la Albiceleste.
El punto de quiebre en el terreno de juego se suscitó al minuto 72 del tiempo regular. El delantero suizo Breel Embolo cayó en el área rival buscando un penal; no obstante, tras un llamado del videoarbitraje (VAR), el silbante portugués João Pedro Silva Pinheiro determinó que el ariete había fingido un contacto. La sanción fue doblemente severa: el árbitro consideró la simulación como conducta antideportiva y le mostró la segunda tarjeta amarilla, mandando a Suiza a las regaderas antes de tiempo.
Esta inferioridad numérica obligó al cuadro europeo a replegarse de forma dramática durante el cierre del tiempo regular y los 30 minutos de la prórroga. Argentina supo capitalizar el desgaste físico de su oponente y vacunó en dos ocasiones durante el tiempo extra para sellar el 3-1 definitivo.
Visiblemente frustrado, Granit Xhaka compareció ante los medios de comunicación y no se guardó nada al momento de desmenuzar las determinaciones del cuerpo arbitral en un choque donde consideraban que tenían maniatado al actual monarca del planeta.
“La tarjeta roja cambió todo, nuestro plan de juego. Si pierdes por una decisión del árbitro, es doloroso. Es una decisión que mata el partido. No sé qué más podía hacer él (el árbitro), pero no mates el partido. Creo que estuvimos muy bien en el 11 contra 11, los teníamos”, disparó el mediocampista del Bayer Leverkusen.
Xhaka reconoció que el vestidor quedó en absoluto silencio debido a la impotencia, pero aplaudió el coraje de sus compañeros por llevar al límite a la escuadra sudamericana.