Marcelo Bielsa volvió a quedar en el centro de la conversación futbolística tras la eliminación de Uruguay en la fase de grupos del Mundial 2026. La Celeste terminó su participación sin una sola victoria, convirtiéndose en la única selección sudamericana que no logró avanzar a la siguiente ronda.
El equipo uruguayo empató ante Arabia Saudita y Cabo Verde, además de caer por la mínima frente a España. A pesar de contar con futbolistas de primer nivel como Federico Valverde, Rodrigo Bentancur, Manuel Ugarte y Darwin Núñez, el conjunto charrúa nunca encontró regularidad y terminó último de su grupo.
La eliminación reavivó los cuestionamientos sobre el historial mundialista del estratega argentino. Bielsa ya había sufrido una temprana despedida con Argentina en Corea-Japón 2002, cuando una de las selecciones favoritas quedó fuera en la primera ronda. Ahora, 24 años después, volvió a experimentar una situación similar al mando de Uruguay.
Además de los malos resultados, la gestión del técnico estuvo marcada por tensiones internas. Diversos reportes señalaron desacuerdos entre jugadores y cuerpo técnico por las exigencias físicas y algunas decisiones tácticas, situación que habría deteriorado el ambiente dentro del vestidor durante la Copa del Mundo.
Tras la eliminación, Bielsa asumió la responsabilidad del fracaso y dejó una frase que resonó en el entorno uruguayo: aseguró que no deja ningún legado al futbol del país debido a la falta de resultados obtenidos durante su ciclo.
Con su futuro en duda y una salida que parece inminente, el reconocido entrenador argentino cierra uno de los capítulos más complicados de su carrera, dejando más preguntas que respuestas sobre un proceso que comenzó con grandes expectativas y terminó en una profunda decepción.