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Por qué la altura de la CDMX es el arma secreta de México

TV Azteca | 27 Junio 2026 | 09:48

La Selección Mexicana supo capitalizar al máximo las condiciones de su localía en el Estadio Azteca, donde la altitud de 2,240 metros (7,350 pies) ha fungido como un auténtico dolor de cabeza y un muro fisiológico insalvable para las plantillas extranjeras.

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De acuerdo con explicaciones detalladas por el doctor Juan Ángel Hernández, especialista de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), las condiciones de la Ciudad de México entran en la categoría médica de "altitud intermedia", detonando una serie de alteraciones inmediatas en los atletas que no realizan un proceso de aclimatación prolongado.

El principal obstáculo en la cancha es la menor disponibilidad de oxígeno, registrando aproximadamente un 30% menos en el aire en comparación con las sedes a nivel del mar. Esto obliga al sistema cardiovascular de los rivales a trabajar a "marchas forzadas", elevando drásticamente el gasto cardíaco y la frecuencia del pulso para intentar oxigenar los músculos. El resultado final es una aparición prematura de la fatiga muscular, pérdida de coordinación neuronal y una alarmante reducción de hasta el 3.1% en la velocidad de los sprints de alta intensidad.

"La hipoxia limita la oxigenación adecuada, lo que conlleva una mayor fatiga y una merma en la coordinación músculo-neuronal de los futbolistas visitantes", señala el reporte de la UNAM.

La ventaja de la memoria fisiológica

Aunque el entorno geográfico es exactamente el mismo para los 22 elementos que saltan al terreno de juego, la enorme ventaja competitiva de los dirigidos por el "Vasco" Javier Aguirre radica en la adaptación y la memoria celular. Mientras que los combinados rivales han tenido que modificar de emergencia sus planes de nutrición, recurrir a suplementos de hierro y padecer tiempos de recuperación sumamente prolongados tras el esfuerzo físico, los futbolistas mexicanos asimilan la falta de oxígeno con mayor naturalidad.

Esta ventaja invisible le ha permitido a México proponer partidos de alta presión, asfixiando las salidas de los contrincantes y manteniendo una intensidad física uniforme durante los 90 minutos, aprovechando que los oponentes terminan extenuados y sin piernas en el último tercio de cada cotejo.

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