Canadá avanzó por primera vez a una ronda de eliminación directa en un Mundial, pero también hizo historia de una manera menos deseable, al convertirse en el primer país anfitrión de una Copa del Mundo que tiene que jugar fuera de sus fronteras.
La derrota de Canadá por 2-1 ante Suiza, registrada el miércoles, enviará al equipo coanfitrión al sur, hasta Los Ángeles, para enfrentar a Sudáfrica en dieciseisavos de final. Una victoria o un empate ante Suiza habría mantenido a Canadá en Vancouver para las rondas de eliminación directa.
“Por supuesto, nos habría encantado quedarnos en Vancouver; no estamos engañando a nadie con eso”, reconoció el defensor Alistair Johnston al hablar el jueves con la prensa.
Los otros dos coanfitriones del Mundial de 2026, Estados Unidos y México, ganaron sus grupos y se mantienen dentro de sus fronteras para la siguiente ronda. El Mundial de 2002 fue coorganizado por Japón y Corea del Sur, pero ninguno de los dos equipos jugó en el otro país.
El entrenador de Canadá, Jesse Marsch, buscaba el lado positivo.
“También hay cierto beneficio en eliminar un poco las distracciones y el circo alrededor de todo esto, por más que hayamos disfrutado mucho del público local”, comentó.
Tanto Marsch como Johnston enfatizaron la importancia del descanso en la preparación para el primer partido de vida o muerte para Canadá.
“El entrenamiento no va a ser tan intenso”, advirtió. “Se tratará de recuperación, rehabilitación y luego de recargar energías para volver a salir con todo en el partido más importante que hemos tenido como programa”.
Juegue donde juegue Canadá, Johnston se muestra optimista de que los aficionados también estarán allí.
“Jugamos en Los Ángeles; no estamos jugando en Marte ni nada por el estilo, ¿sabes a lo que me refiero?”, preguntó. “Espero que una buena cantidad de aficionados canadienses llegue hasta allá”.