Antes del torneo, una de las principales incógnitas en la Selección Mexicana era el estado físico de varios futbolistas que llegaban tras lesiones o largos periodos de inactividad. Entre ellos, el caso que más atención generó fue el de Edson Álvarez, quien apenas había disputado 125 minutos en lo que iba del año debido a problemas en el tobillo durante su etapa con el Fenerbahce.
A pesar de los cuestionamientos, Javier Aguirre mantuvo su confianza en el mediocampista y decidió incluirlo en la convocatoria. La apuesta comienza a darle resultados al estratega mexicano, ya que Álvarez ha mostrado un nivel sólido cada vez que ha sido requerido.
Luego de iniciar como suplente en el partido ante Sudáfrica, el capitán nacional apareció como titular frente a Corea del Sur para cubrir la ausencia de César Montes. Su actuación en la zaga fue una de las más destacadas del encuentro, aportando seguridad defensiva y liderazgo en momentos de presión.
Más allá de su labor para recuperar balones, Álvarez se ha convertido en una pieza fundamental para la construcción del juego desde el fondo. Las estadísticas reflejan su influencia en la salida del equipo, siendo uno de los futbolistas con mayor capacidad para romper líneas mediante pases que superan la presión rival y permiten avanzar al ataque con mayor claridad.
Los datos también lo colocan entre los jugadores más precisos del plantel en este aspecto, compartiendo protagonismo con nombres como Jesús Gallardo, Johan Vásquez y Erik Lira. Su lectura del juego y capacidad para distribuir el balón han sido determinantes para darle fluidez al funcionamiento colectivo.
Con experiencia, liderazgo y una presencia cada vez más influyente dentro del terreno de juego, Edson Álvarez empieza a justificar la confianza que Javier Aguirre depositó en él. A medida que avanza la competencia, el capitán mexicano se consolida como uno de los hombres más importantes en el esquema tricolor y una referencia tanto dentro como fuera de la cancha.