Kansas fue testigo de otra noche reservada para los elegidos. Lionel Messi no solo lideró la victoria de Argentina sobre Argelia; escribió un nuevo capítulo en una carrera que parece no tener final.
La Albiceleste sufrió al inicio. Incluso vio cómo Argelia celebraba un gol que terminó invalidado por fuera de juego. Pero cuando el partido pedía calma, apareció el capitán. Al minuto 16, Messi controló en la frontal, giró sobre sí mismo y sacó un zurdazo imparable al ángulo. Un gol de esos que obligan a levantarse del asiento.
Con la ventaja, Argentina tomó el control del encuentro. Messi siguió siendo el eje de cada ataque, combinándose con Enzo Fernández, Alexis Mac Allister y Lautaro Martínez. El segundo llegó al minuto 60, cuando aprovechó un rebote dentro del área para empujar el balón y acercarse a otra marca histórica.
Argelia intentó responder, pero se encontró con el orden argentino y con un equipo que parecía decidido a acompañar a su capitán en una noche especial.
El momento cumbre llegó al 75'. Messi recibió cerca del área y firmó su triplete para desatar la locura en las tribunas. No era un gol más. Era el tanto que lo llevaba a los 16 goles en Copas del Mundo, igualando a Miroslav Klose como máximo anotador en la historia de los Mundiales.
Minutos después, Lionel abandonó el terreno de juego entre aplausos. Todo Kansas se puso de pie. Compañeros, rivales y aficionados reconocieron que estaban presenciando algo irrepetible.
Argentina ganó en su debut y dio un paso importante en el Grupo J. Pero el resultado terminó siendo secundario. La noche perteneció a Messi, el hombre que disputó su sexto Mundial, superó récords y volvió a demostrar que, incluso a los 38 años, sigue encontrando nuevas formas de hacer historia.