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El Tri gana, pero no convence

Plano Deportivo | 11 Junio 2026 | 22:32
La euforia es un anestésico peligroso. México debutó en su tercer Mundial como anfitrión con una victoria que, en el papel, se lee cómoda y merecida ante una Sudáfrica decepcionante. El regreso goleador de Raúl Jiménez, la potencia de Quiñones y el debut soñado de jóvenes como Mora y "La Hormiga" González invitan al optimismo fácil. Sin embargo, detrás del confeti y los tres puntos, la realidad competitiva de esta Selección Mexicana preocupa, al Tri le falta mucho, muchísimo, si aspira a trascender más allá de la fase de grupos.
 
El trámite del partido desnudó carencias estructurales. México practicó un fútbol espeso frente a un rival que invitaba al gol con una defensa de lágrima, regalando balones, perdiendo marcas y otorgando facilidades ridículas, el conjunto azteca cayó en la necedad de salir con el balón controlado sin tener la fluidez para hacerlo.
 
Tras abrir el marcador, el equipo inexplicablemente cedió la posesión, y lo más grave, tras la expulsión del jugador sudafricano, la Selección debió volcarse con todo al frente, porque en un grupo donde el liderato se definirá por diferencia de goles, la falta de contundencia y ambición con superioridad numérica es un pecado. Lo que debió ser una goleada estrepitosa para afianzar la confianza, terminó en un apenas cumplido, las ventajas que dio Sudáfrica no las van a regalar ni Corea ni Chequia; con este nivel, simplemente no va a alcanzar.
 
El negocio contra la esencia y las nuevas reglas
El fútbol moderno parece empeñado en autodestruirse desde las oficinas, la nueva regla del tiempo de hidratación obligatorio, impuesta por Gianni Infantino, es una cachetada a la naturaleza del juego.
 
Más allá de los debates históricos sobre el fuera de juego o el VAR, este parón estructural es un atentado brutal contra la esencia del fútbol, cortar el ritmo de forma artificial rompe el desgaste físico legítimo, congela la táctica y obliga a los equipos a reiniciar el partido desde cero. No es por la salud del atleta; es una pausa comercial disfrazada de humanismo, un crimen contra el espectáculo dinámico.
 
Un Mundial sin pueblo
Finalmente, la desconexión más dolorosa de este torneo ocurre en las taquillas, con entradas que oscilan desde los 50 mil pesos las más baratas hasta los 180 mil pesos en zonas preferentes, asistir al Mundial se ha convertido en un lujo obsceno.
 
Ver a la Selección Mexicana ha dejado de ser un patrimonio popular, esos aficionados "de a pie", los que sostienen la pasión en las buenas y en las malas, los que sueñan con llevar a su esposa y a sus hijos a vivir la experiencia mundialista en su propio país, han sido expulsados del estadio por el filtro del dinero. El Tri ya no le pertenece al pueblo; le pertenece a las corporaciones y a las élites, nos han quitado el juego en la cancha con reglas absurdas, y nos lo han quitado en la tribuna con precios infames.
 
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