Cuando el papa León XIV fue elegido el año pasado y se supo que era tenista, su amor por este deporte se celebró rápidamente durante una audiencia con el número uno Jannik Sinner.
En los meses siguientes, León ha intentado reservar tiempo en su apretada agenda para practicar este deporte cada semana como parte de su devoción agustiniana a la actividad física y la espiritualidad.
La Regla de San Agustín, una antigua guía para la vida religiosa, destaca el valor de los buenos hábitos.
“Está tratando de mantener cierta regularidad en su rutina, que proviene de la Regla”, comentó el reverendo Rob Hagan, prior de la Provincia Agustiniana de Santo Tomás de Villanova y capellán de los equipos masculinos de baloncesto y fútbol americano de la Universidad de Villanova —alma máter del papa en Pensilvania—.
La devoción de León a San Agustín quedó en evidencia cuando realizó una peregrinación durante su viaje a África en abril a las ruinas arqueológicas en Argelia donde el influyente teólogo y filósofo del siglo V vivió, murió y escribió algunas de las obras más importantes del pensamiento occidental.
El papa “destaca un valor agustiniano muy poco apreciado —especialmente en este mundo ruidoso—, y es desarrollar la vida interior”, añadió Hagan en una entrevista con The Associated Press.
A León le gusta pasar los lunes y martes en el retiro papal de Castel Gandolfo, en las colinas a las afueras de Roma, donde juega al tenis con su secretario, monseñor Edgard Iván Rimaycuna Inga, y también nada y monta a caballo.
Antes de convertirse en papa, el entonces cardenal Robert Prevost habló de sus habilidades tenísticas en una entrevista con la Orden Agustiniana.
“Me considero bastante un tenista aficionado”, manifestó en la entrevista de 2023, después de asumir el poderoso Dicasterio para los Obispos del Vaticano tras años como misionero en Perú.
“Desde que dejé Perú he tenido pocas ocasiones de practicar, así que tengo ganas de volver a la cancha”, agregó.
Y el martes, León difundió un mensaje en video para promover los valores del deporte como instrumento de paz y de diálogo entre culturas y naciones —y también para el “mejoramiento personal”, según el Vaticano.
“En la vida, como en el juego, nadie se salva solo”, afirmó León. “Necesitamos a los demás para crecer, para aprender respeto, para superar nuestros límites y para celebrar juntos las victorias que alcanzamos. Pedimos que el deporte sea siempre una escuela de fraternidad, no de rivalidad vacía; un espacio de encuentro, no de exclusión”.
Marin Cilic, el jugador croata que ganó el Abierto de Estados Unidos en 2014, dijo que era “increíble escuchar que al papa León le encanta el tenis”.
“Es un juego hermoso. Lo disfrutas especialmente cuando juegas sin la presión del tiempo, sin la presión de los torneos”, señaló Cilic, quien proviene del pueblo bosnio de peregrinación de Medjugorje, en una entrevista previa al Abierto de Francia.
Un juego mental
Incluso sin la presión de un torneo, el tenis es un deporte muy mental. Mantener la concentración y evitar errores no forzados es una de las claves para tener éxito.
“Si tu rival te va a ganar, está bien. Pero no te ganes a ti mismo —ya sabes, las dobles faltas, el remate a la red. La jugada que en realidad no tuvo nada que ver con tu rival, sino contigo”, explicó Hagan. “Eso sí requiere cierta disciplina mental, una capacidad de crear buenos hábitos”.
El tenis también es un deporte de cuerpo completo que exige un alto nivel de coordinación mano-ojo, esfuerzo cardiovascular y resistencia. Y hay un componente social.
Es la preparación perfecta para que León, de 70 años, pueda desempeñar su trabajo diario de presidir servicios de oración para miles de fieles, saludar constantemente en audiencias públicas y privadas, y afrontar agotadores viajes papales por todo el mundo.
En abril, León recorrió más de 17.700 kilómetros (unos 11.000 millas) en 18 vuelos durante una gira de 11 días por África.
“Basta con mirar su agenda. Miren el ritmo que está manteniendo”, indicó Hagan. “Puede cantar las partes de la misa porque tiene capacidad pulmonar. Se le escucha porque tiene cierta fuerza en la voz. Es algo que no te enseñan en el seminario: para ser sacerdote, para ser un líder espiritual o, en realidad, cualquier líder, es un trabajo físicamente exigente”.
Antes de convertirse en papa, también entrenaba en el gimnasio Omega, en la zona del Vaticano, dos o tres veces por semana, con sesiones de una hora centradas especialmente en la postura y la salud cardiovascular, según su entrenador personal de entonces. Los entrenamientos de Prevost, descritos como adecuados para un hombre de unos 50 años, duraban hasta una hora y se enfocaban especialmente en la cinta de correr y la bicicleta estática, contó el entrenador Valerio Masella a la AP el año pasado.
Valores agustinianos
Hagan señaló que, gracias a León, “la gente está descubriendo quién es San Agustín. La gente está descubriendo quiénes son los agustinos.
“Y la gente está descubriendo y, con suerte, aplicando estos valores agustinianos. No tenemos el monopolio de estos valores, pero sin duda Agustín y ahora León los están colocando en una plataforma para que la gente los vea”, añadió Hagan, quien ha predicado valores agustinianos a los equipos de Villanova durante más de dos décadas, incluidos dos equipos campeones nacionales de baloncesto.
“No significa que vayas a ganar todos los partidos”, expresó. “No significa que vayas a ganar cada partido de tenis. Pero lo que intentamos es ser la mejor versión de nosotros mismos: mente, cuerpo, alma y espíritu. San Agustín dice: ‘No te conformes con lo que eres si quieres llegar a ser lo que aún no eres. Porque donde te hayas complacido contigo mismo, allí permanecerás’”.