El Clausura 2026 ha dictado sentencia y lo hizo rompiendo el guion de los favoritos, tendremos una final de alta tensión en la capital, Pumas contra Cruz Azul. Pero más allá de los escudos y la rivalidad histórica que arrastran, el verdadero triunfo de esta liguilla se firmó desde el banquillo, devolviéndole la dignidad y el protagonismo a la dirección técnica mexicana.
El oficio celeste y el chispazo universitario
Chivas vs. Cruz Azul, la Máquina de Joel Huiqui dio una cátedra de cómo gestionar la presión, los celestes se metieron al Estadio Jalisco con la obligación absoluta de ganar. Huiqui plantó un equipo sólido, desactivó los circuitos del Guadalajara y asestó el golpe preciso en el momento exacto, adiós a las Chivas y boleto directo a la gran cita.
Pumas vs. Pachuca, en la otra llave, los Tuzos llegaron a Ciudad Universitaria cobijados por la ventaja del partido de ida. Parecía que el oficio de Pachuca enfriaría el mediocampo, pero los felinos de Efraín Juárez nunca dejaron de morder, un zapatazo imperial de tiro libre de Jordan Carrillo rompió la muralla hidalguense. El 1-0 definitivo empató el global (1-1) y desató la locura en el Olímpico Universitario, dándole el pase a la UNAM por su mejor posición en la tabla.
Pumas vs. Cruz Azul (El clásico de la obsesión)
La mesa está puesta, no es una serie cualquiera; arrastra la mística del asfalto capitalino, cuentas pendientes en liguillas pasadas y, fundamentalmente, la urgencia histórica. Pumas carga a la espalda una loza de 15 años de sequía, Cruz Azul, por su parte, busca consolidar este nuevo proyecto devolviendo la absoluta grandeza a la Noria.
Más allá de los nombres en la cancha, el verdadero triunfo de este torneo radica en las áreas técnicas. En una época donde se argumentaba que no hay técnicos mexicanos listos para el protagonismo, dos jóvenes estrategas han tirado la puerta abajo.
Efraín Juárez rompió moldes, le inyectó a los Pumas una dinámica vertical, agresiva y sumamente pasional. Juárez ha devuelto la identidad competitiva a la UNAM, demostrando que la juventud no está peleada con la madurez táctica.
Por su parte Joel Huiqui, asumió el reto con el perfil bajo que le caracterizó como jugador, pero con una claridad de conceptos envidiable, logró amalgamar un vestuario con figuras internacionales y dotar a La Máquina de un equilibrio defensivo y una pegada quirúrgica.
Que la Copa se quede en la capital está garantizado, pero que el título de estratega campeón se firme con letras mexicanas es el verdadero gol de oro de este Clausura 2026.