El Celtic Park fue testigo de uno de los desenlaces más dramáticos y crueles que se recuerden en el fútbol británico. El Hearts de Edimburgo estuvo a escasos dos minutos de romper una sequía de 66 años sin ser campeón, pero el Celtic apeló a su mística y, con la intervención del VAR en el minuto 88, selló un triunfo que le da su quinto título de liga consecutivo.
Los 'Jambos' llegaron a la última jornada con una misión titánica: salir vivos del infierno de Glasgow. Todo marchaba conforme al plan cuando Lawrence Shankland adelantó a los visitantes al minuto 43 con un certero cabezazo. Aunque el Celtic reaccionó rápido e igualó antes del descanso gracias a un polémico penal cobrado por Arne Engels, la segunda mitad se convirtió en un auténtico muro defensivo por parte de la visita.
La tensión se cortaba con un hilo. Tras un aviso al poste de Iheanacho al 80', el destino guardaba lo más doloroso para el Hearts. Al minuto 88, Daizen Maeda mandó el balón al fondo de las redes tras un pase de Callum Osmand. El abanderado ahogó el grito de gol al señalar fuera de juego, pero tras una agónica revisión en el VAR, se determinó que el japonés estaba en posición correcta. El gol se validó, desatando el llanto de frustración en Edimburgo y la locura total en Glasgow.
Ya con el Hearts volcado al frente y su guardameta buscando el milagro en el área rival, el galés Callum Osmand aprovechó el contragolpe para marcar a puerta vacía al minuto 99. El pitazo final se confundió con una invasión de campo por parte de la afición local, que celebró en grande la obtención de su trofeo número 56, superando los 55 de sus eternos rivales, el Rangers.