La Liguilla de la Liga MX dictó sentencia dejando tras de sí el amargo colapso del campeón, la estrepitosa caída de la opulencia regia y el polémico avance de los grandes. Entre estrategias timoratas que rozan la cobardía y arbitrajes bajo la lupa, los cuartos de final definieron que en la fiesta grande no basta con el presupuesto, sino que se requiere la jerarquía que hoy a muchos les quedó grande.
Pumas y la metamorfosis de la cobardía, clasificar no es dignificar
Lo de Pumas en Ciudad Universitaria no fue una clasificación, fue una rendición indigna ante su propia gente, el conjunto universitario firmó una de las páginas más vergonzosas de su historia reciente al exhibir una pequeñez mental absoluta en su propio patio, confirmando que ante el América la localía les estorba y el uniforme les pesa toneladas.
Es inaudito que una institución que presume "garra" se haya transformado en un cuadro ratonero que, tras 25 minutos de fútbol, decidió que su única estrategia era colgarse del travesaño. Se comportaron como un equipo chico asustado renunciando a cualquier rastro de dignidad deportiva en su propia cancha con tal de rescatar un pase que, por las formas tan mediocres, les queda demasiado grande.
Un equipo que aspira a la corona no puede navegar la Liguilla con esa actitud servil y cobarde, mucho menos siendo el anfitrión. Esa postura de equipo pequeño, que se achica y se humilla en su propio estadio, es el síntoma de una escuadra sin jerarquía; navegar con el rosario en la mano y las piernas temblando no es camino de campeón, es el refugio de los que no tienen valor para ser grandes.
Tigres de papel, la nómina de oro que se diluyó ante el hambre de las Chivas
Lo de Tigres no tiene otro calificativo que fracaso rotundo, llegaron a la Liguilla con la etiqueta de serios candidatos al título, respaldados por una nómina insultante y la jerarquía que supuestamente los distingue, para terminar, quedándose en el camino como ya se está haciendo costumbre, esta vez ante unas Chivas que parecían víctimas propiciatorias.
Los tigres fueron incapaces de superar a un Guadalajara parchado, desarmado por las convocatorias de selección y con un fondo de armario limitado. La soberbia regia volvió a chocar con la realidad, de nada sirve la inversión millonaria si en los momentos de matar o morir el equipo se licua y entrega la eliminatoria con una pasividad que raya en la falta de respeto a su propia historia.
El naufragio del campeón y la sombra del arbitraje
La caída de Toluca ante Pachuca no es solo una eliminación, es el fin de una era y el entierro del sueño del tricampeonato, los Diablos, que llegaban con la etiqueta de favoritos y la corona aún sobre la cabeza, fueron borrados de la cancha por unos Tuzos que no necesitaron de lujos para imponer condiciones. Se terminó el reinado del campeón ante un rival que, con orden y eficacia, demostró que la jerarquía se defiende corriendo, no solo con el nombre.
Cruz Azul, entre el favoritismo del silbato y la sequía de argumentos
Por su parte, Cruz Azul selló su pase a semifinales con un solitario gol de José Paradela, pero el boleto llega cargado de cuestionamientos y un sabor a injusticia. Aunque La Máquina fue superior en la posesión y tuvo momentos de lucidez, el fantasma de la polémica arbitral se instaló en el Estadio Banorte.
Katia Itzel García y el VAR ignoraron un penal de manual a favor del Atlas que pudo cambiar el rumbo de la serie, una omisión que dejó a los rojinegros con la frustración a flor de piel y a los celestes con una deuda pendiente en cuanto a funcionamiento. Cruz Azul avanza, sí, pero entre la suerte y las decisiones externas, dejando dudas sobre si este equipo tiene la solvencia necesaria para levantar el título sin depender de los imponderables del silbato.