A 35 días del comienzo del Mundial, el estadio Azteca espera por nuevas historias que se unan a las de la primera tarjeta amarilla, a la de la primera sustitución, a un nuevo partido del siglo; anécdotas que se conviertan en leyendas dignas del único recinto que ha sido palco de tres torneos.
El Azteca que vio levantar la Copa Jules Rimet al rey Pelé en el Mundial de 1970 y la Copa FIFA a Diego Armando Maradona en 1986 no tendrá en esta ocasión la oportunidad de guardar la imagen de una nueva final, sólo recibirá tres partidos de primera ronda, uno de dieciseisavos de final y otro de octavos.
El recinto, que cumplirá 60 años el 29 de mayo, se convertirá el 11 de junio en el único en albergar tres inauguraciones del Mundial, algo inigualable como muchas otras historias que guarda en solitario.
El surgimiento de la tarjeta amarilla y de la roja se deben al árbitro británico Ken Aston, quien en 1966, en Londres, se inspiró en los colores de un semáforo para tener un recurso universal de advertir a los jugadores sobre sus indisciplinas, en vez de una llamada de atención verbal.
La Copa del Mundo de 1970 fue el evento elegido para implementar este sistema que tuvo en su partido inaugural entre México y la URSS a su primer amonestado en la historia en el centrocampista soviético Kakhi Asatiani, quien fue sancionado por el árbitro alemán Kurt Tschenscher por una dura entrada sobre el local Mario Velarde.
Además de las tarjetas, el Mundial de 1970 fue el primero en el que se permitieron dos cambios por equipo y en el Estadio Azteca se dio la primera sustitución desde que se juega el torneo.
Ese día las selecciones de México y la URSS igualaron 0-0. El centrocampista ucraniano Viktor Serebryanikov, del Dinamo de Kiev, fue sustituido por su compañero de club Anatoly Puzach en el comienzo del segundo tiempo.
El Coloso, que para el Mundial de 1986 llegó a tener una capacidad de 115.000 espectadores, hoy acoge 87.500. Fue el monstruo que hipnotizó al cantautor argentino Andrés Calamaro.
Calamaro, junto a su compatriota, el compositor Marcelo Scornik, y con el recuerdo de 'la mano de dios' de Maradona en el triunfo sobre Inglaterra y la obtención de la copa levantada por Diego, lanzaron en el 2004 la canción 'Estadio Azteca'.
"Cuando era niño y conocí el estadio Azteca me quedé de duro, me aplastó ver al gigante. De grande, me volvió a pasar lo mismo, pero ya estaba duro mucho antes", canta Calamaro, quien en su momento afirmó que la letra es misteriosa y cuenta la historia de Argentina, el exilio, la muerte, el fútbol y el corazón.
El estadio Azteca, que se construyó sobre la piedra volcánica del extinto volcán Xitle, guarda sobre su grama la gesta del aquel juego del siglo entre Italia y Alemania Federal de la semifinal de 1970, en la que se impusieron los italianos en un juego en el que Franz Beckenbauer se mantuvo en el campo a pesar de tener un hombro dislocado.
Mantiene el aura de la visita del Papa Juan Pablo II ante más de 100.000 feligreses en enero de 1999.
Y el ritmo de Michael Jackson, que en cinco conciertos de su gira 'Dangerous World Tour' convocó a 500.000 personas que aclamaron al 'rey del pop' entre octubre y noviembre de 1993.
Es el recinto que aquel mismo año albergó a 132.000 aficionados que aplaudieron el nocaut de Julio César Chávez, el mejor boxeador mexicano de la historia, sobre Greg Haugen.
Y del que se extrajo un fósil de mamut durante su construcción.
Es el estadio en el que a las selecciones de México y Brasil les fue otorgada la medalla de oro de los Juegos Panamericanos de 1975, luego de que a 5 minutos de concluir el segundo tiempo extra, un apagón impidió que se reanudara por una invasión del campo al momento en que regresó la luz.
Hoy, con 60 años y aún con el yeso y la pintura fresca, luego de una apresurada renovación, el Azteca está listo para su última campaña, una tercera inauguración mundialista que quedará para la posteridad.