Hace cuatro años, previo a la Copa Mundial de la FIFA Qatar 2022, Gerardo Martino apostó por un grupo de 15 jóvenes de la Liga MX como sparrings, con la intención de foguearlos y prepararlos rumbo a 2026. La idea era clara: construir una base de talento con proyección a futuro.
Sin embargo, el plan no dio los resultados esperados. Ninguno de esos futbolistas logró consolidarse lo suficiente para entrar en la convocatoria final de Javier Aguirre para el Mundial de 2026, dejando la sensación de una generación que no terminó de despegar.
De aquel grupo, solo algunos nombres como Víctor Guzmán, Jorge Ruvalcaba y Fidel Ambriz lograron mantenerse dentro del radar en distintos momentos del proceso, ya fuera con técnicos como Diego Cocca o Jaime Lozano. Aun así, no les alcanzó para dar el salto definitivo.
El resto de los jugadores prácticamente desapareció del proceso de Selección Mayor, e incluso algunos como Alfredo Gutiérrez o Román Martínez quedaron fuera del futbol profesional, evidenciando lo complicado que es consolidarse en la élite.
El caso refleja una realidad dura en el futbol mexicano: el talento joven necesita algo más que proyección inicial para consolidarse. Sin continuidad, minutos y desarrollo adecuado, incluso los proyectos más prometedores pueden quedarse en el camino.