Mientras Sergio Pérez se enfoca en su nueva etapa con Cadillac, donde sus objetivos son mucho más modestos y cada mejora cuenta, su ausencia sigue pesando fuerte en Red Bull Racing.
Desde su salida en diciembre de 2024, el segundo asiento del equipo austriaco se ha convertido en un problema constante. Varios pilotos han pasado por ese lugar sin lograr igualar el rendimiento que tuvo el mexicano junto a Max Verstappen. Primero fue Liam Lawson, luego Yuki Tsunoda, y ahora la presión recae sobre Isack Hadjar, quien apenas suma puntos y se mantiene lejos de los primeros lugares.
La falta de resultados ha provocado que el análisis ya no solo recaiga en los pilotos, sino también en el rendimiento del monoplaza. Aun así, la comparación con Pérez es inevitable. Durante su etapa en Red Bull, el mexicano fue pieza clave, llegando a ser subcampeón del mundo y contribuyendo a los campeonatos de constructores del equipo.
Su legado ha sido reconocido incluso fuera de la Fórmula 1. Frankie Muniz destacó recientemente la dificultad de ese segundo asiento y el mérito de Checo al rendir de gran manera en un coche complicado de manejar.
Hoy, ese lugar se ha convertido en una auténtica “silla eléctrica”, donde ningún piloto ha logrado consolidarse. Mientras tanto, la sombra de Checo sigue creciendo, dejando claro que su salida no solo afectó su carrera, sino también la estabilidad de uno de los equipos más dominantes de la parrilla.