LIV, el circuito construido hace cinco años a golpe de talonario bajo los auspicios de Arabia Saudí con el fin de revolucionar el mundo del golf, atraviesa sus horas más difíciles. Las informaciones publicadas sobre la disposición del fondo soberano del país del Golfo Pérsico de recortar la financiación han hecho tambalear el proyecto.
El futuro de la liga, nacida en 2022 como contrapoder del PGA Tour, el circuito estadounidense, con un formato novedoso de competición, es incierto si el Fondo de Inversión Pública (PIF, en sus siglas en inglés), el brazo inversor del régimen saudí, deja de inyectar fondos, aunque su máximo directivo, Scott O’Neil, garantiza que tiene futuro.
“Lo que realmente me entusiasma es cómo vamos a seguir adelante. Hablé de algunos cambios estructurales. Se avecinan. Pueden preguntarle a las cincuenta personas que conocí en Augusta. Presenté el plan. Tenemos uno, y va a sorprender a algunos (…) Para nosotros, todo sigue igual. Estamos en una posición excelente”, apuntó O’Neil ayer, jueves, en México tras la primera ronda del sexto torneo de la temporada.
Según el CEO de la liga saudí, con la trayectoria actual de la competición y el crecimiento de los ingresos “será un negocio muy rentable durante mucho tiempo”.
“Si me preguntan si este negocio es difícil, diría que sí, sin duda. Si me preguntan si la gestión es muy estricta, diría que sí, sin duda”, remarcó.
El directivo estadounidense tomó las riendas de la competición en enero de 2025 avalado por su experiencia en la NBA, la NFL y la NHL y bajo su tutela, LIV pareció tomar velocidad a nivel de operaciones y de expansión del circuito, con catorce eventos en diez países de cinco continentes 57 jugadores de una veintena de nacionalidades.
También por los convenios de patrocinio y alianzas suscritos con empresas como HSBC, Aramco, Roshn Group, Salesforce o Rolex en los últimos meses que han reportado casi 500 millones de dólares (unos 425 millones de dólares).
“Veo 2025 como el establecimiento de los cimientos y este año como el momento de poner en marcha la locomotora. Estamos entusiasmados con lo que viene”, pronosticó O’Neil en la presentación de la campaña el pasado 14 de enero en Florida (Estados Unidos).
O’Neil ha tratado de insuflar confianza en el proyecto, aunque a comienzos de febrero ya confesó que LIV tardaría en ser rentable entre cinco y diez años al acarrear pérdidas motivadas, principalmente, por los suculentos contratos suscritos con jugadores como el español Jon Rahm o el estadounidense Bryson DeChambeau, sus dos grandes estandartes.
Según las estimaciones publicadas por algunos medios, LIV habría recibido desde su creación unos 6.000 millones de dólares (5.100 millones de euros) del PIF, lo que le ha permitido mantener el pulso contra el PGA Tour.
En puertas del nuevo curso, el gobernador del PIF, Yasir al Rumayyan, autorizó una nueva partida de 266 millones de dólares, aunque solo en premios, el circuito tiene comprometidos este año 470 millones.
La gran incógnita es si el fondo soberano mantendrá este nivel de aportaciones a medio y largo plazo o las recortará sustancialmente si reorienta las prioridades de gasto hasta 2030 ante las nuevas circunstancias geopolíticas en Oriente Medio e Irán y sus repercusiones económicas.
“Si fuera un jugador del PGA Tour, querría que LIV Golf sobreviviera. Los premios son muy buenos. La competencia es buena para el negocio. Si fuera una cadena de televisión, me encantaría que LIV Golf sobreviviera. Es bueno para la televisión. Si eres aficionado, quieres más golf en todo el mundo. Hay mucho más que ganar con LIV que si LIV desapareciera”, sentenció O’Neil.
Entre los planes anunciados para alimentar la continuidad de la liga está la confirmación de las fechas de cuatro torneos del próximo año -Riad, Hong Kong, Adelaida y Sudáfrica, donde se estrenó en marzo con una afluencia de unos 100.000 aficionados, cifra similar a la que hubo en la prueba australiana.
También hay interés en penetrar en mercados, como China, Japón e India. Según O’Neil, Estados Unidos es el gran escaparate televisivo y de patrocinios, pero su estrategia es apostar por 7.500 millones de personas en todo el mundo, no solo por los 340 millones de estadounidenses.
Otra meta que se marca LIV es que cada uno de sus trece equipos acaben convertidos en franquicias de mil millones de dólares cada una y aumenten sus ingresos por patrocinios.
La pujanza de LIV también va a depender de la renovación de sus figuras, como DeChambeau, considerado el jugador con más tirón mediático y en redes sociales del mundo, que finaliza su vínculo a final de temporada.