El fútbol mexicano ha perdido a uno de sus pilares estratégicos más influyentes. Este abril de 2026, se confirmó el fallecimiento de Alejandro Burillo Azcárraga, empresario y directivo cuya visión no se limitó a las canchas, sino que se extendió a la estructura misma de cómo se vive y se organiza el deporte en nuestro país.
Conocido afectuosamente como el ‘Güero’, Burillo fue una pieza clave en Grupo Televisa durante los años noventa, tomando decisiones críticas para América, Necaxa y Atlante. Sin embargo, su impacto más recordado por la afición quizá sea la creación de Aba Sport, la marca que diseñó el icónico uniforme de "calendario azteca" que México portó con orgullo en el Mundial de Francia 98.
Su liderazgo también fue fundamental en la Comisión de Selecciones Nacionales, impulsando los procesos de técnicos históricos como Miguel Mejía Barón y Bora Milutinovi?, y profesionalizando el entorno del Tri.
Uno de sus aportes más tangibles es el Centro de Alto Rendimiento (CAR). Lo que comenzó como el "Centro Pegaso" es hoy la casa de la Selección Nacional, instalaciones que justamente este año fueron reacondicionadas con los más altos estándares para recibir la justa mundialista en México. Sin la visión de Burillo, el combinado nacional no contaría con el complejo de élite donde hoy se prepara para el debut.
El vínculo más profundo de Burillo fue con el Atlante. Bajo su mando, los Potros vivieron una época dorada al mudarse a Cancún, donde consiguieron el título del Apertura 2007 y protagonizaron aquel histórico duelo en el Mundial de Clubes contra el Barcelona de Pep Guardiola y Messi.
Irónicamente, su partida ocurre en un momento de resurgimiento para su equipo: el Atlante regresará a la Primera División tras el Clausura 2026 al adquirir la franquicia de Mazatlán, y jugará en el Estadio Banorte, compartiendo sede con las Águilas y la Máquina.
Más allá del fútbol, Burillo fue el motor detrás del Abierto Mexicano de Tenis, elevando el estatus del torneo hasta convertirlo en el evento de tenis más importante de América Latina.
La pelota dejará de rodar por un momento para rendir homenaje a un directivo que entendió que el fútbol es pasión, pero también estructura y futuro. Su nombre queda grabado en cada rincón del CAR y en cada latido de la afición atlantista.