En el partido de México contra Portugal, señalé con dureza que sobrevivir no es competir. Tras el agridulce sabor de boca que dejó aquel encuentro, la Selección Mexicana parecía condenada a la intrascendencia táctica, sin embargo, lo visto ante Bélgica nos obliga a cambiar el tono, aunque no el nivel de exigencia.
México pasó de la resistencia pasiva a la propuesta agresiva, demostrando que hay una base para ilusionarse, pero también un techo de cristal que se niega a romper: el gol. El empate 1-1 final es el resumen perfecto de una noche donde la intención superó a la ejecución.
Un Cambio de Chip: La Dinámica del Medio Campo
Lo más destacado fue, sin duda, la metamorfosis en la zona de máquinas, la apuesta por un tridente conformado por Álvaro Fidalgo, Érick Gutiérrez y Erik Lira le otorgó al Tri una fluidez que no veíamos hace años.
En intensidad y presión México no esperó; le arrebató el balón a una potencia como Bélgica, obligándola a jugar un partido de ida y vuelta que, por tramos, dominó el conjunto nacional.
El dinamismo no fue solo colectivo, en lo individual, hubo jugadores que entendieron que la camiseta nacional se gana con sudor y criterio, Julián Quiñones volvió a demostrar que es un elemento diferencial, capaz de generar caos en las defensas europeas.
Bryan Gutiérrez aportó esa frescura necesaria para romper líneas, igual que Jorge Sánchez, ambos también parecen haber sellado su pasaporte para los próximos compromisos importantes.
La Trampa del "Jugamos como nunca..."
Pero cuidado, no podemos caer en la complacencia, el avance en el juego y la actitud es innegable, pero el fútbol se rinde ante la dictadura del marcador.
Si bien ya no somos el equipo que sobrevive, corremos el riesgo de pasar del "jugamos como nunca y perdimos como siempre" al nuevo y mediocre mantra "jugamos como nunca y empatamos como siempre".
Hoy la disidencia deportiva marca avances, actitud y nombres, pero mientras el marcador siga reflejando empates meritorios, seguiremos habitando la sala de espera de la grandeza.
México demostró que puede quitarle la pelota a cualquiera y que tiene argumentos futbolísticos para dejar de ser un invitado de piedra en la élite. El siguiente paso no es táctico, es mental, aprender a ganar cuando se es superior. Sin el grito de gol, cualquier evolución es solo una elegante forma de seguir en el mismo sitio.