Mikhailov fue el guardián de una de las selecciones más sorprendentes de todos los tiempos, aquella Bulgaria que rompió todos los pronósticos en el Mundial de Estados Unidos 1994 y alcanzó unas históricas semifinales. Bajo su liderazgo y con el gafete de capitán, comandó a un equipo lleno de talento que puso contra las cuerdas a las grandes potencias del futbol mundial.
A su lado brillaban figuras de talla internacional como Hristo Stoichkov, Krasimir Balakov, Iordan Lechkov y Emil Kostadinov, nombres que quedaron grabados en la memoria colectiva tras eliminar a Alemania y firmar una de las mayores gestas mundialistas.
Mikhailov no solo destacaba por sus reflejos bajo los tres palos, sino por su carácter y liderazgo, siendo el equilibrio de un equipo que jugaba sin complejos y con una identidad muy clara.
Con su partida, se cierra otro capítulo de aquella generación dorada. Ya antes, el futbol había despedido a Trifon Ivanov, el icónico defensor de melena larga y carácter férreo.