Como si de un reloj suizo se tratara, el París Saint-Germain se ha despertado en el mismo momento de la temporada para volver a impresionar al continente, con el agravante de que ahora lo hace con una Liga de Campeones en sus vitrinas.
Si hace unas semanas el conjunto de Luis Enrique parecía manso y fatigado y no asustaba a sus rivales, los octavos de final contra el Chelsea han servido de revulsivo, igual que el pasado curso lo fueron los que disputó frente al Liverpool.
Entonces los franceses tuvieron que sobreponerse a un resultado negativo en su estadio para acabar eliminando en Anfield al equipo que, hasta ese momento mejor impresión había dejado en la Liga de Campeones.
Esta vez las cosas han sido más fácil frente a un rival menos dotado y con más dudas que certezas que se ha llevado dos goleadas a manos de un PSG hambriento de causar temor a sus adversarios y que, de paso, le propulsan a los cuartos de final por tercera vez desde que están bajo la batuta de Luis Enrique, la novena desde que el club navega bajo pabellón catarí.
Doble premio para el entrenador español que viene pidiendo calma sobre el rendimiento de su equipo y que en ningún momento pareció perderle la fe a su efectivo, pese a que comenzaban a aparecer signos inquietantes.
El despertar del equipo tiene fijado su instante preciso en el minuto 74 del partido de ida en el Parque de los Príncipes contra el Chelsea.
Coincidió con la comparecencia en el césped del georgiano Kvaratskhelia, que cambió la dinámica del duelo. Hasta ese momento, el PSG mostraba los mismos síntomas de decaimiento que le habían conducido unos días antes contra el Mónaco a la séptima derrota de curso, la tercera frente a sus espectadores.
Por dos veces se adelantaron en el marcador, pero otras tantas empató el Chelsea que, sin embargo, a partir de ese momento hincó la rodilla y con dos tantos del georgiano dejó encarrilada la eliminatoria.
En Stamford Bridge el poco suspense que quedaba duró apenas cuarto de hora, el tiempo que tardaron Kvaratskheli y Barcola en poner a salvo la clasificación, después de que Luis Enrique corrigiera los errores de la ida y el PSG se mostrara muy superior al quinto de la tabla inglesa.
Fue ahí cuando apareció el rostro del PSG de la pasada temporada al tiempo que se desfiguraban los de sus potenciales rivales.
El equipo recuperó la mentalidad conquistadora, el apetito de dominio, la velocidad del juego y sensación de asfixia del contrario que fueron las señas de identidad que condujeron a su primera Liga de Campeones.
De golpe, el pesimismo que acompañaba al entorno parisiense en las pasadas anteriores dejó paso a cifras destinadas a minar la moral: Lo 34 goles marcados en la competición, más que ningún otro equipo, trece de ellos en los cuatro últimos partidos.
Esa es una de las principales diferencias con la campaña precedente, en la que el PSG generaba muchas ocasiones aunque no marcaba tantos goles. Lo que dio lugar a la frustración del entrenador y sus comentarios sobre los 'expected goals' que le valieron algunas bromas.
Este año sus hombres desperdician menos en virtud de una inusitada puntería que solo puede que causar pavor en el área contraria, otro elemento a su favor.
Entre tanto, el equipo tiene ya el renacer que prometía el técnico y la primavera se antoja apasionante para el club que vuelve a ser temido. La condición indispensable para ser respetado.