El intento de traspaso del defensivo Maxx Crosby a los Baltimore Ravens se vino abajo luego de que el jugador no superara el examen médico del equipo, situación que lo mantendrá en los Las Vegas Raiders. La operación, que incluía dos selecciones de primera ronda, se canceló debido a complicaciones relacionadas con la recuperación de una cirugía de menisco.
Este episodio vuelve a poner en evidencia la estricta política médica que caracteriza a los Ravens dentro de la NFL, organización que ha ganado reputación por su riguroso proceso de evaluación física antes de concretar cualquier incorporación.
No es la primera vez que Baltimore cancela un acuerdo por razones médicas. En 2018, el receptor Ryan Grant vio frustrado su contrato de 29 millones de dólares con la franquicia tras no aprobar el examen físico por problemas en el tobillo. Algo similar ocurrió en 2020 con el liniero defensivo Michael Brockers, quien tampoco pudo concretar su llegada al equipo por preocupaciones médicas y terminó regresando a los Los Angeles Rams con un contrato menor.
Uno de los antecedentes más recordados en la liga ocurrió en 2006 con el mariscal de campo Drew Brees. Tras sufrir una grave lesión en el hombro, los médicos de los Miami Dolphins recomendaron no contratarlo, por lo que el equipo optó por firmar a Daunte Culpepper.
La decisión terminó cambiando el rumbo de la NFL, ya que Brees firmó posteriormente con los New Orleans Saints, franquicia con la que ganó el Super Bowl XLIV y estableció varios récords históricos, mientras que los Dolphins atravesaron años de inestabilidad en la posición de quarterback.
Con el caso de Crosby, los Ravens suman otro movimiento frustrado por su exigente protocolo médico, una política que busca proteger a la franquicia a largo plazo, aunque en ocasiones implique perder fichajes de alto perfil.