Este es el efecto Shohei Ohtani.
Ohtani protagonizó un espectáculo monumental en la práctica de bateo horas antes de sacudir un grand slam en el segundo inning —en el primero pegó un doble al primer lanzamiento del juego, pero no anotó— y Japón aplastó el viernes 13-0 a Taiwán en el Grupo C del Clásico Mundial de béisbol.
Fue el primer partido de Japón —el campeón defensor— de cuatro en la fase de grupos.
El astro de los Dodgers de Los Ángeles atrajo a Japón un gran poder de convocatoria de famosos para el juego: el actor Timothée Chalamet y el cantante puertorriqueño Bad Bunny estaban en las gradas.
Finalizado el partido, Ohtani se dirigió al público después del partido.
“Supe que se iba a ir del parque de inmediato después de pegarle. Es importante anotar primero”, señaló Ohtani sobre su grand slam.
Inclinándose y tocándose la gorra, Ohtani agradeció a los aficionados.
“Fue un buen juego y arrancamos bien, así que creo que todo fue gracias a su apoyo. Creo que las batallas continuarán, pero si los aficionados y el equipo pueden unirse y animar, eso nos alentará. Así que, por favor, apóyennos”, señaló entre aplausos crecientes mientras hablaba en japonés.
El abridor y pitcher ganador Yoshinobu Yamamoto también, por supuesto, le dio crédito a Ohtani en una conferencia de prensa posterior al juego, lejos del terreno.
“Este fue nuestro primer partido del torneo y anotar primero siempre e es difícil. Pero Shohei conectó un jonrón enorme que nos dio el impulso. Me saco la gorra ante él”.
Show en la práctica de bateo
También ofreció un espectáculo enorme en la práctica de bateo, horas antes de que siquiera comenzara el partido, y entusiasmó a muchos que habían viajado desde lejos para verlo.
Lia Chan y su esposo How, junto con otros familiares, viajaron desde Singapur —un vuelo de unas siete horas a Tokio— solo para ver a Ohtani jugar en el Clásico.
“Y el béisbol ni siquiera es popular en Singapur”, comentó Lia, sentada a unas cuantas filas detrás del plato. “Sabemos de béisbol, lo vemos, pero cuando apareció Ohtani, esto se salió de proporción”.
Lia, su esposo y otros singapurenses de su grupo estuvieron entre los cerca de 40.000 presentes en el estadio que el viernes exclamaban de asombro, y eso que era solo la práctica de bateo, horas antes del segundo juego de la jornada en el Grupo C.
Ohtani sabe de drama.
Hizo esperar al público quizá unos 30 minutos mientras otros jugadores japoneses practicaban y cientos de reporteros con cámaras, teléfonos y trípodes deambulaban en una zona cercada en el terreno.
Finalmente, Ohtani salió de la cueva y esperó su turno alrededor de la jaula de bateo, abrazó a algunos jugadores, intercambió unas palabras y saludó a algunos aficionados en un área para patrocinadores.
Los aficionados en las gradas se pusieron de pie para verlo mejor. Pero los acomodadores les pidieron que se sentaran, sosteniendo carteles en japonés e inglés que decían: “Please watch from your seats” (“Por favor, miren desde sus asientos”).
Ohtani hizo unos 25 swings, sacó del parque alrededor de 10 pelotas y envió otras cuantas contra la barda del jardín.
Cuando terminó la práctica de bateo, trotó para agradecer al lanzador de la práctica, hizo una leve reverencia y recogió algunas pelotas sueltas para arrojarlas al contenedor. Luego, con un bate en cada mano, se fue trotando del campo para prepararse para el juego contra Taiwán.
“¿Quién hace cosas así?”, expresó Lia. “Está en otra liga”.