En pleno 2026, el tema de los futbolistas naturalizados sigue generando división en torno a la Selección Nacional de México. Mientras algunos consideran que el talento no tiene pasaporte, otros piden limitar esta práctica e incluso erradicarla.
De cara a la convocatoria final que definirá Javier Aguirre para el Mundial 2026, hasta cuatro jugadores naturalizados podrían entrar en la lista: Germán Berterame, Santiago Giménez, Álvaro Fidalgo y Julián Quiñones.
De todos ellos, Quiñones es el que más reflectores acapara. El atacante del Al-Qadsiah FC marcha como segundo lugar en la tabla de goleo de la liga saudí y suma una temporada destacada, incluyendo un reciente hat-trick que reavivó el debate sobre su convocatoria.
¿Por qué debería estar?
Una parte de la crítica especializada considera que su perfil es único dentro del abanico ofensivo del Tri: potencia, físico y capacidad para romper líneas. Sin embargo, también existe la postura de que Aguirre no ha logrado encontrarle un rol claro dentro de su sistema.
En el programa Los Especialistas, el exdelantero y ahora analista Rafael Márquez Lugo señaló que Quiñones no debe ser visto como “el salvador”, pero sí como un futbolista distinto al resto.
“Dentro de esta baraja de centros delanteros y extremos, Quiñones sí es diferente a todos”, apuntó, destacando la evolución física y de ritmo que exige el futbol moderno.
Próxima oportunidad con el Tri
La siguiente ventana para verlo nuevamente con la camiseta nacional será en la Fecha FIFA de marzo. México enfrentará a Portugal en la reapertura del Estadio Azteca (ahora denominado Estadio Banorte) el 28 de marzo, y posteriormente a Bélgica el 31 en el Soldier Field.
Ahí, Quiñones podría tener una nueva oportunidad para convencer al cuerpo técnico de que su presente goleador merece un lugar en la lista definitiva.
El debate sigue abierto. ¿Debe pesar más el momento individual o la idea colectiva de Aguirre? La respuesta comenzará a definirse en la próxima Fecha FIFA… y terminará de escribirse en el verano mundialista.
