En febrero de 1993, el boxeo mexicano vivió uno de sus capítulos más memorables cuando Julio César Chávez enfrentó al estadounidense Greg Haugen en el mítico Estadio Azteca, escenario que ya era legendario por albergar los Mundiales de 1970 y 1986.
De acuerdo con registros oficiales retomados por BoxRec, 132 mil 247 aficionados ingresaron al inmueble, una cifra que hasta hoy se mantiene como récord mundial de asistencia para una pelea de boxeo. Aunque con el paso de los años ha existido debate sobre si fueron más o menos personas, ese número es el que quedó asentado en los informes formales de la época, cuando los sistemas de control aún no eran tan precisos.
Tras vencer a Marty Jakubowski en Las Vegas a finales de 1992, comenzó a gestarse el combate ante Haugen. El propio Chávez llegó a dudar del proyecto por temor a no llenar el estadio, pero la expectativa creció rápidamente, alimentada por la rivalidad y las declaraciones provocadoras del retador, quien incluso minimizó el récord del mexicano asegurando que había vencido solo a “taxistas”.
El resultado fue todo lo contrario: sobrecupo en gradas, gente incluso en zonas no habilitadas y un ambiente que convirtió esa noche en un fenómeno social.
Como gesto solidario, el campeón mexicano donó alrededor de 5 mil boletos para personas que no podían pagar una entrada. Además, el trayecto del vestidor al cuadrilátero tomó cerca de 12 minutos, debido a la multitud que buscaba tocarlo o verlo de cerca.
Chávez realizó ese recorrido acompañado por sus hijos, entre ellos Julio César Chávez Jr., en una escena que hoy sería impensable por la logística y la seguridad.
La noche del 20 de febrero de 1993, Chávez respondió en el ring: derrotó a Haugen en el quinto round, silenciando las críticas y defendiendo su legado. Tras la pelea, el estadounidense reconoció la fortaleza del mexicano:
“Julio es un peleador muy fuerte, es impresionante su poder. Los ‘taxistas’ que ha enfrentado fueron muy fuertes”.
Por su parte, Chávez fue directo:
“Merecía ser castigado por tantos insultos. Le demostré que no peleo con taxistas. Me preparé como nunca y el público quedó satisfecho”.