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New York Yankees, de imperio a apuesta arriesgada en 2026

ESPN | 16 Febrero 2026 | 21:45
¿Hacia dónde se dirigen los New York Yankees y qué se puede esperar del equipo en la temporada 2026 de MLB?
 
Parece que para responder esta pregunta, es necesario, antes, echar un vistazo a los dominios del bicampeón de Grandes Ligas.
 
Los Ángeles Dodgers han dado un par de golpes de autoridad durante el invierno al firmar a Kyle Tucker y Edwin Díaz. Convertidos en un verdadero trabuco, los californianos no reparan en abrir la cartera y se erigen hoy como el equipo a vencer, una etiqueta que en los noventa perteneció a los Yankees, último tricampeón de las Grandes Ligas (1998-2000), un distintivo que la organización angelina también ambiciona. El 'Imperio del Mal' se mudó de costa a costa.
 
Los Yankees afrontan 2026 con un boquete en el pitcheo y una apuesta particular: la salud, por no decir la suerte. Gerrit Cole y Carlos Rodón siguen recuperándose de sus respectivas cirugías y no estarán listos para el Opening Day. Clarke Schmidt fue operado del codo a mediados del año pasado y apunta a volver después del Juego de Estrellas. Eso deja a Max Fried como el líder de una rotación que bambolea entre dudas.
 
Brian Cashman incorporó a Ryan Weathers desde los Miami Marlins. El zurdo de 26 años aporta profundidad, pero genera incertidumbre: sólo abrió ocho juegos la temporada pasada tras lidiar con lesiones. A ello se suman las bajas en el relevo de Devin Williams y Luke Weaver, a quienes el equipo no logró retener con dinero. Mientras David Bednar y Fernando Cruz son prácticamente los únicos brazos consolidados para la parte final de los juegos, el resto del cuerpo de relevistas luce corto y lleno de interrogantes.
 
El contraste con sus rivales es diametral. Baltimore Orioles, Boston Red Sox, Toronto Blue Jays e incluso los propios Dodgers —campeones defensores— fueron agresivos y mejoraron sus rosters, mientras los Yankees se limitaron a retener a Cody Bellinger y a confiar en que Trent Grisham repita un año que, estadísticamente, se antoja como irrepetible.
 
Talento no falta en El Bronx: Aaron Judge, Bellinger, Jazz Chisholm Jr. y compañía pueden sostener una ofensiva peligrosa. Pero sin refuerzos contundentes en la rotación y el bullpen, la temporada se sostiene sobre una sola idea: que todo salga perfecto. En una división tan dura como el Este de la Americana, eso no suena a estrategia; suena a apuesta al límite.
 
En el papel, nadie navegará solo en el Este de la Americana y todos alzan la mano como candidatos. Los Orioles firmaron a Pete Alonso por cinco años, además de sumar a los lanzadores Ryan Helsley y Shane Baz. Este equipo, ya uno de los favoritos en los últimos años, busca reivindicarse tras el desplome de 2025.
 
El campeón vigente de la Americana, Toronto, incorporó a Dylan Cease, Tyler Rogers y Kazuma Okamoto. Los Blue Jays ampliaron su profundidad de pitcheo y añadieron una gran pieza nipona a la ofensiva tras la salida de Bo Bichette. En varios aspectos, incluso, superaron a Nueva York en agresividad y calidad de refuerzos.
 
Los Red Sox aseguraron a Ranger Suárez también por cinco años para encabezar su rotación y hoy no es un disparate afirmar que tienen, cuando menos, una de las mejores rotaciones de la división, si no es que de toda la Liga Americana, donde Detroit también entra en la conversación.
 
Garrett Crochet es considerado un lanzador de élite y será seguido precisamente por Suárez. Ellos dos, junto con Sonny Gray, Brayan Bello y Johan Oviedo, le dan a Boston una enorme oportunidad de pensar en cosas grandes.
 
Seguramente, George Steinbrenner calificaría las últimas temporadas muertas de los Yankees como inaceptables. De acuerdo con su histórica visión, los altos ingresos de la franquicia exigen tener la nómina más alta del beisbol, sin importar el impuesto de lujo ni las consecuencias a futuro. Bajo esa lógica, el simple hecho de no ganar la Serie Mundial sería motivo suficiente para encender todas las alarmas en la cúpula del equipo.
 
Si el legendario propietario siguiera al mando, es muy probable que ya hubiera hecho una limpia profunda en la dirigencia: el gerente general Brian Cashman y el manager Aaron Boone habrían sido despedidos tras alguna de las eliminaciones tempranas o barridas en playoffs.
 
El 'Big Boss' también habría presionado por contrataciones de alto impacto, sin titubear en hacerse de los peces gordos de la agencia libre como Bryce Harper, Corey Seager o el propio Shohei Ohtani, quien terminó en la costa opuesta. Además, no habría guardado silencio: fiel a su estilo, habría criticado públicamente a estrellas como Aaron Judge o Giancarlo Stanton si considerara que no rindieron en algún momento, como alguna vez lo hizo con Dave Winfield.
 
La historia respalda esa imagen de propietario agresivo en el mercado. A lo largo de su reinado (1973–2010), Steinbrenner redefinió la agencia libre bajo una premisa: “el dinero para resolver problemas”.
 
Algunos de los movimientos más agresivos que marcaron su mandato: Reggie Jackson (1976), firmado por cinco años y 2.96 millones de dólares para convertir al equipo en una potencia jonronera; Catfish Hunter (1974), asegurado por cinco años y 3.35 millones como el primer gran agente libre estelar; Dave Winfield (1980), convertido en el jugador mejor pagado de MLB con un contrato de 10 años y 23 millones; Jason Giambi (2001), firmado por siete años y 120 millones tras perder la Serie Mundial, para revitalizar el orden al bat; y el traspaso por Randy Johnson (2004), que incluyó 9 millones de dólares enviados a Arizona más el cambio de Javier Vázquez. Ya en sus últimos años, también aprobó el histórico blockbuster de 2009 con CC Sabathia, Mark Teixeira y A.J. Burnett en un sólo receso de campaña, un gasto masivo que terminó por darle el que es, hasta ahora, el último título de los neoyorquinos.
 
En 2026, el modelo es otro. Tal parece que la apuesta de los Yankees es que sus estelares del pitcheo se sumen ya avanzada la temporada como un tanque de oxígeno que los haga trascender en postemporada, pero para ello los jóvenes deberán estar a la altura al inicio del calendario para mantener la nave a flote.
 
Toda decisión conlleva un riesgo y el club decidió no entrar en la puja por abridores de nueve cifras como Tatsuya Imai, ¿cuál será el costo?, lo veremos al final de la temporada. La llegada de Weathers se perfila como el movimiento clave para estabilizar el staff mientras se recuperan Cole, Rodón y Schmidt, y las renovaciones de Ryan Yarbrough y Paul Blackburn buscan ofrecer brazos versátiles para cubrir huecos. No obstante, la salida de relevistas importantes como Williams y Weaver, y un bullpen proyectado a la baja, mantienen encendidas las alarmas.
 
La fotografía completa muestra a unos Yankees que dependen casi por completo de que la salud, por no decir la suerte, los acompañe. Max Fried encabezará una rotación que, en la primera mitad del año, descansará en nombres como Cam Schlittler, Luis Gil, Weathers y Will Warren, con la esperanza de convertirse en una de las más profundas de MLB cuando se reincorporen Cole, Rodón y Schmidt. En el relevo, Bednar será el cerrador, apoyado por Camilo Doval y Fernando Cruz, mientras el club apuesta a proyectos de recuperación y al impacto inmediato de prospectos como Carlos Lagrange. El plan es simple: resistir hasta mediados de temporada y luego despegar. El riesgo es evidente: si las lesiones o los retrocesos se acumulan, la apuesta puede dejar al equipo muy por debajo de las expectativas.
 
En este contexto, Brian Cashman sigue siendo un activo para el equipo. Es un ejecutivo que ha demostrado tino en sus contrataciones y la capacidad para construir una franquicia ganadora. Desde que asumió como gerente general en 1998, ha guiado todas las grandes etapas de la franquicia moderna: la dinastía de finales de los 90, la era de los grandes cheques a inicios de los 2000, la famosa clase de 2009 (Sabathia, Teixeira, Burnett) y el reacomodo más analítico que trajo a Giancarlo Stanton y consolidó a Aaron Judge como rostro de la organización.
 
Sin embargo, las políticas de los Yankees tras la partida del 'Big Boss' han cambiado. Las contrataciones de los últimos tres años distan de aquellas épocas: el club ha preferido acuerdos de menor plazo y cambios para cubrir huecos. Optó por renovar a Cody Bellinger en vez de sumar otro bateador de élite, incorporar brazos como Fried y Weathers para gestionar el riesgo de lesiones y reconfigurar el bullpen con piezas intermedias en lugar de lanzarse por los abridores más caros del mercado. Los Yankees son hoy, sin duda, mucho más conservadores.
 
Los del Bronx también acaban de renovar a Paul Goldschmidt por un año, y podría ser una pieza importante para afrontar el nuevo calendario, sobre todo, por las credenciales del veterano: siete veces All-Star, cuatro Guantes de Oro y MVP de la Liga Nacional en 2022. A sus 38 años viene de batear .274 en 2025 con los Yankees y de destrozar al pitcheo zurdo (.336/.411/.570). Nueva York apuesta por un veterano con perfil probado para octubre —siete postemporadas, siempre competitivo— que puede convertirse en un as bajo la manga.
 
En definitiva, el equipo llega a los entrenamientos de primavera con una fisonomía muy similar a la que perdió ante Toronto en los pasados playoffs. Si la salud y la suerte los acompañan, el pitcheo podría dar el golpe de autoridad para trascender en el Clásico de Otoño. Pero si la apuesta por 'tender un puente' a la llegada de los caballos del pitcheo no funciona, será otro año negro para el antes temido 'Imperio del Mal'.
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