Los nuevos cambios en el reglamento de la Fórmula 1 para 2026 no sólo representan un desafío para ingenieros y equipos, también exigen un proceso de adaptación para los pilotos, incluido Sergio “Checo” Pérez. Las pruebas en Barcelona y las próximas en Bahréin serán clave para ajustar la conducción a unos monoplazas que modificarán la forma de competir en el Gran Circo.
James Vowles, director del equipo Williams, adelantó que los pilotos deberán acostumbrarse a “acciones antinaturales”, como acelerar a fondo en ciertas curvas para generar energía eléctrica. Algunos competidores ya han mostrado dudas sobre los nuevos autos; Lando Norris, por ejemplo, considera que se asemejan a los de Fórmula 2, aunque su compañero en McLaren, Oscar Piastri, tiene una visión más positiva.
Uno de los cambios más relevantes está en la unidad de potencia. Para 2026, los coches serán más híbridos con una proporción cercana al 55-45 entre energía eléctrica y combustión. Además, se eliminó el generador calórico (MGU-H), dejando únicamente el generador cinético (MGU-K), mientras que la potencia de las baterías aumentó de 180 a 480 caballos.
Norris advirtió que esta modificación podría complicar las salidas desde el inicio de las carreras. “Será mucho más difícil”, resumió el británico, al explicar que el uso de la batería para tener un mejor arranque podría provocar que la energía se agote antes de llegar a la primera curva, algo que podría notarse en circuitos como el de México.
El piloto de McLaren también subrayó que el mayor reto será lograr que el turbo alcance el rango adecuado sin el apoyo que antes ofrecía el sistema eléctrico para compensar la entrega de potencia. Por ello, anticipa múltiples ensayos de salida durante los test en Sakhir, previo al arranque del campeonato en Melbourne.
Con este panorama, la consigna para Checo Pérez y el resto de la parrilla parece clara: adaptarse lo más rápido posible o quedarse atrás en una temporada que promete ser una de las más exigentes a nivel técnico.
