Asistir al Super Bowl siempre ha sido un lujo reservado para pocos, y la edición LX de la NFL no será la excepción. El partido, que enfrentará a los New England Patriots y a los Seattle Seahawks este 8 de febrero en el Levi’s Stadium de California, presenta precios elevados que reflejan tanto la magnitud del evento como el alto costo de vida en la región.
Debido a la enorme demanda, conseguir entradas a través de la venta directa resulta complicado, por lo que la reventa legal suele ser la principal alternativa. En Ticketmaster, plataforma oficial para el consumidor, los boletos más exclusivos alcanzaban los 58 mil dólares —alrededor de un millón de pesos mexicanos— en la Sección 115 VIP, ubicada a la altura de la yarda 50.
Sin embargo, los precios pueden ser aún mayores en portales especializados como StubHub, Vivid Seats, ViaGogo y SeatGeek, donde los propios dueños fijan el costo de sus entradas. En StubHub, por ejemplo, se ofertaban tickets de hasta 89 mil dólares (aproximadamente 1.53 millones de pesos) en la Sección 138 VIP, justo en el medio campo del lado de la banca de los Patriots.
La falta de regulación en la reventa provoca variaciones incluso dentro de una misma zona del estadio. En la Sección 413, una de las más altas, los precios oscilaban entre 5,340 y 7,414 dólares dependiendo de la plataforma.
Como suele ocurrir cada año, el mercado también muestra ajustes conforme se acerca el partido. A solo 24 horas del kickoff, algunos boletos han bajado hasta 3 mil dólares con la intención de que los revendedores logren colocarlos, y no se descarta que el costo disminuya aún más el mismo día del encuentro.
Aunque existen opciones “más accesibles”, el gasto sigue siendo considerable. El boleto más barato ronda los 3,500 dólares —unos 60 mil pesos mexicanos— en la Sección 401, ubicada en una esquina del último nivel del inmueble.
A este desembolso hay que sumarle vuelos, hospedaje, transporte, alimentos y recuerdos, lo que eleva la inversión total a cifras difíciles de asumir para la mayoría. Ir al Super Bowl no es barato, pero para muchos aficionados representa una experiencia única que justifica cada dólar gastado.
