El Real Madrid volvió a caminar por la cuerda floja en el Santiago Bernabéu, pero logró rescatar una victoria clave ante el Rayo Vallecano por 2-1 en un partido cargado de tensión, polémica y dramatismo hasta el último suspiro. Un penalti convertido por Kylian Mbappé en el tiempo añadido (nueve minutos después del 90') terminó inclinando la balanza a favor del conjunto blanco.
Los merengues se adelantaron con una genialidad de Vinícius Júnior, el futbolista más desequilibrante del encuentro, pero el Rayo respondió con personalidad y consiguió igualar el marcador en la segunda parte. Cuando todo apuntaba a un nuevo tropiezo liguero, una acción desafortunada en el área visitante acabó en penalti que el francés transformó con sangre fría para sellar un triunfo tan valioso como agónico.
El encuentro reflejó la irregularidad que ha marcado la temporada del Real Madrid. Sin una versión convincente en lo colectivo y sostenido por acciones individuales, el equipo volvió a mostrar dudas, aunque contó una vez más con un Courtois decisivo bajo palos y con el talento de Vinícius para encender al Bernabéu en los momentos más tensos.
El brasileño fue protagonista desde el inicio. Pese a los silbidos iniciales, respondió con fútbol, desborde y un gol de gran factura que rompió la igualdad. Cada vez que el Madrid aceleró, lo hizo a través de él, convirtiéndose en el principal dolor de cabeza para la zaga rayista.
El Rayo, necesitado de puntos y sumido en una mala racha, no renunció a competir. Ordenado y valiente, aprovechó las lagunas defensivas de su rival y encontró el empate tras una buena acción colectiva que evidenció la falta de automatismos defensivos en el cuadro blanco. Incluso tuvo opciones claras para ponerse por delante, pero se topó con un Courtois decisivo en momentos clave.
El segundo tiempo fue un carrusel de emociones. El Madrid se volcó en ataque, acumuló hombres ofensivos y dejó espacios que el Rayo supo explotar al contragolpe. El partido se rompió y cualquiera pudo llevarse los tres puntos. Sin embargo, los errores individuales terminaron condenando a los visitantes.
En el tramo final, el asedio blanco fue constante. Entre remates al poste, paradas del portero Batalla y ocasiones desperdiciadas, el empate parecía sentenciado hasta que una acción torpe dentro del área rayista cambió el destino del encuentro. Mbappé no falló desde los once pasos y desató el alivio en Chamartín.
El Real Madrid ganó, pero sigue sin despejar las dudas. No encuentra aún su mejor versión, aunque permanece en la pelea gracias a su pegada y a su capacidad para sobrevivir en partidos que se le complican más de lo esperado.