El Copa Mundial de la FIFA 2026, que se disputará del 11 de junio al 19 de julio en Estados Unidos, México y Canadá, enfrenta una nueva oleada de cuestionamientos internacionales. A las críticas ya existentes se sumó la voz del expresidente de la FIFA, Joseph Blatter, quien respaldó públicamente los llamados a boicotear los partidos que se jueguen en territorio estadounidense.
Blatter, quien dirigió el máximo organismo del futbol mundial entre 1998 y 2015 y dejó el cargo en medio de investigaciones por corrupción, retomó en redes sociales los señalamientos del abogado suizo Mark Pieth, especialista en delitos de cuello blanco. En entrevista con el diario Der Bund, Pieth cuestionó duramente la elección de Estados Unidos como sede y sugirió a los aficionados evitar viajar al país anfitrión.
El exdirigente de la FIFA coincidió con esa postura al afirmar que Pieth tiene razón al poner en duda la viabilidad del Mundial en suelo estadounidense, especialmente por las políticas migratorias y de seguridad impulsadas por el presidente Donald Trump. Estas medidas, según críticos del torneo, podrían afectar la libre circulación de aficionados y selecciones durante la competencia.
Entre los principales señalamientos destacan las prohibiciones de viaje impuestas a países de África y Medio Oriente, así como operativos migratorios considerados agresivos en distintas ciudades estadounidenses. Estas acciones han generado incertidumbre sobre la posibilidad de que seguidores de diversas selecciones puedan ingresar al país sin restricciones para asistir a los encuentros.
El debate se ha extendido más allá de Suiza. En Alemania, Oke Göttlich, vicepresidente de la federación de futbol, declaró que ya es momento de considerar seriamente un boicot. En África, la polémica se intensificó tras la ampliación de medidas que limitan el ingreso de ciudadanos de países como Senegal y Costa de Marfil, incluso cuando sus selecciones logren la clasificación al Mundial.
Otras naciones como Irán y Haití también figuran entre los países con restricciones de entrada, lo que reduciría la presencia de sus aficionados en los estadios. Aunque las críticas se concentran en Estados Unidos, México y Canadá, como coanfitriones, no quedan al margen del debate internacional que rodea al torneo.
En el caso mexicano, la participación de la Selección Mexicana continúa siendo uno de los principales atractivos del Mundial, con su debut programado para el 11 de junio de 2026. No obstante, el contexto político y diplomático plantea un desafío inédito para una Copa del Mundo que históricamente ha sido símbolo de unión y celebración global.