La Copa Africana de Naciones llega a su momento culminante este domingo con un duelo de alto nivel entre Marruecos y Senegal, una final que pone punto final a cuatro semanas de competencia en las que el continente mostró su mejor versión futbolística.
Como país anfitrión, Marruecos no solo ha buscado destacar dentro del campo, sino también fuera de él. El torneo ha servido como una vitrina para exhibir sus estadios, infraestructura y capacidad organizativa, en un contexto clave para sus aspiraciones de ser coanfitrión de la Copa del Mundo de 2030.
El reino podría tener una nueva prueba de fuego antes de la cita mundialista, ya que apunta a organizar la Copa Africana de Naciones de 2028, que sería adelantada un año como parte del plan de la Confederación Africana de Fútbol para ajustar el torneo a un ciclo de cuatro años alineado con el calendario de la FIFA. Pocos países del continente cuentan con la preparación necesaria para asumir un reto de tal magnitud con tan poco margen de tiempo.
Marruecos ha realizado una fuerte inversión en infraestructura deportiva y de transporte, y esa apuesta continuará en los próximos meses, ya que también será sede, a partir del 17 de marzo, de su tercera Copa Africana Femenina consecutiva.
En lo deportivo, la final ante Senegal representa mucho más que un título. Un triunfo pondría fin a una espera de medio siglo para conquistar su segunda Copa Africana y serviría como respaldo simbólico a la enorme inversión realizada. Sin embargo, junto a la ilusión, la presión es máxima para la selección local, que busca cerrar el torneo con una consagración histórica ante su gente.