La reciente escalada de tensiones y la ofensiva militar de Estados Unidos contra Venezuela han trasladado el debate de los despachos de defensa a las oficinas de la FIFA. Ante la duda de si el organismo rector podría sancionar a la federación estadounidense (US Soccer), la respuesta no se encuentra en la diplomacia, sino en la letra chiquita de los estatutos del fútbol mundial.
El principio fundamental que rige a la FIFA es la independencia absoluta de sus asociaciones nacionales. Según los reglamentos vigentes, la FIFA solo interviene cuando un gobierno interfiere directamente en la administración interna de su federación (procesos electorales, gestión de fondos o toma de decisiones deportivas).
Históricamente, países como Kuwait, Kenia o Pakistán han sido suspendidos no por sus políticas exteriores, sino porque sus gobiernos intentaron "tomar el control" de sus respectivas federaciones nacionales.
El argumento que alimenta la posibilidad de una sanción es el caso de Rusia en 2022. Tras la invasión a Ucrania, la FIFA y la UEFA suspendieron a los clubes y selecciones rusas. Sin embargo, analistas deportivos señalan que aquella fue una medida extraordinaria basada en la integridad y seguridad de las competiciones, más que en una violación administrativa.
A diferencia de Rusia, donde el rechazo masivo de otras federaciones europeas hizo inviable la competencia, en el caso de Estados Unidos no existe, hasta el momento, una presión internacional coordinada que obligue a la FIFA a actuar por motivos de seguridad o logística deportiva.
Hoy por hoy, no existe una norma que permita suspender a una federación por las acciones militares de su Estado. Las reglas de la FIFA están diseñadas para juzgar la relación "Federación-Gobierno" en asuntos de fútbol, no para evaluar decisiones de defensa nacional o política exterior.
Incluso en casos recientes, como las solicitudes para sancionar a la federación de Israel en 2024 por cuestiones de derechos humanos, la FIFA ha optado por abrir investigaciones exhaustivas antes de emitir cualquier fallo, evitando sentar precedentes que politicen el deporte.
Para que Estados Unidos fuera suspendido, tendría que ocurrir uno de estos dos supuestos:
Que el gobierno de Washington intervenga directamente en la operación de US Soccer.
Que surja una presión política y social global tan abrumadora que la FIFA considere que la participación de EE. UU. pone en riesgo la paz o la integridad de sus torneos (como el próximo Mundial).
Por ahora, US Soccer se mantiene a salvo bajo el escudo de la autonomía deportiva, mientras el mundo observa si el balón terminará siendo afectado por las decisiones de la Casa Blanca.