El 2026 comenzó con expectativas renovadas en La Noria, pero también con una realidad innegable: Cruz Azul está obligado a competir al más alto nivel. El Clausura 2026 marca el segundo torneo de Nicolás Larcamón al frente del equipo, una etapa que ahora exige respuestas después de un Apertura 2025 irregular.
El técnico argentino generó ilusión en su primer semestre con victorias de alto impacto —como el 1-0 ante Toluca o el 2-1 frente al América— y peleó por el liderato hasta la última jornada. Sin embargo, los altibajos marcaron su proceso: goleadas dolorosas como el 0-7 frente a Seattle Sounders en Leagues Cup, derrotas inesperadas ante Xolos y Pumas, y la eliminación en Semifinales ante Tigres encendieron las críticas.
La caída posterior frente al Flamengo en el Derbi de las Américas terminó por profundizar el malestar de la afición cementera.
El técnico heredó una vara alta. Sus antecesores, Martín Anselmi y Vicente Sánchez, llevaron al club a una Final de Liga MX y conquistaron la Concacaf Champions Cup, por lo que cualquier retroceso sería imperdonable.
Para este Clausura 2026, Larcamón tiene al menos tres obligaciones:
Cruz Azul no solo debe clasificar a la antesala de la final, sino hacerlo con autoridad. La forma de las derrotas será igualmente evaluada: el planteamiento táctico ante Tigres en la última liguilla dejó dudas que el técnico debe disipar.
La Máquina ganó el título continental en 2025 con una goleada de 5-0 sobre Vancouver Whitecaps, igualando al América como máximo ganador del certamen.
El club tiene la obligación deportiva de defender su título y Larcamón podría firmar un logro histórico si consigue el octavo campeonato para el equipo.
Las fracturas de Kevin Mier y Jesús Orozco Chiquete dejan debilitada la parte baja del equipo, al menos durante el primer trimestre del año. Aunque se ejerció la compra de Jorge Rodarte, la directiva aún explora opciones para sumar otro defensa antes del cierre del mercado.
En ofensiva, hay incertidumbre.
La llegada del colombiano Miguel Borja busca refrescar el ataque tras la salida de Ángel Sepúlveda, pero existe cautela en la afición luego de experiencias irregulares con jugadores como Giakoumakis y Bogusz, quienes no lograron consolidarse plenamente.
Borja deberá adaptarse rápido para responder a las exigencias de un equipo que históricamente demanda goles inmediatos.
La presión está sobre Larcamón. Entre lesiones, altas y bajas, y un calendario que exige resultados inmediatos, el argentino sabe que este torneo podría definir su continuidad. La Máquina tiene talento, estructura y ambición; falta comprobar si, esta vez, puede convertir el entusiasmo en títulos.