El empate entre Crystal Palace y Fulham dejó sensaciones encontradas, especialmente para Raúl Jiménez, quien volvió a ser protagonista, aunque no de la forma que hubiera querido. En un duelo directo por puestos europeos, con ambos clubes llegando igualados en puntos, el margen de error era mínimo y cada jugada pesaba como oro.
En Selhurst Park, el partido se jugó con tensión desde el arranque. Crystal Palace necesitaba sumar para no perder terreno en una zona media que aprieta cada jornada, mientras que Fulham buscaba confirmar su buen momento tras la victoria previa ante West Ham. El contexto elevó la exigencia y el ritmo fue alto, con llegadas constantes y poca especulación.
Crystal Palace golpea primero y complica el plan de Fulham
El equipo dirigido por Oliver Glasner fue más agresivo en la primera mitad. Con presión alta y centros constantes al área, Crystal Palace empezó a incomodar a una defensa visitante que resistía como podía. Fulham intentó responder con transiciones rápidas, muchas de ellas encabezadas por Raúl Jiménez, quien se movía entre centrales buscando el espacio.
El golpe llegó al minuto 38. Nathaniel Clyne encontró libertad por la banda y puso un centro preciso que Jean-Philippe Mateta transformó en gol con un remate de cabeza a quemarropa. El 1-0 reflejaba el dominio local y obligaba a Fulham a adelantar líneas.
Antes del descanso, el conjunto de Marco Silva tuvo sus opciones. Jiménez ya había avisado con un disparo desviado dentro del área, una acción que anticipaba la historia que vendría después. Aun así, Crystal Palace se fue al vestidor con ventaja y con la sensación de tener el partido bajo control.
Raúl Jiménez, del peligro constante al poste que silenció Selhurst Park
El segundo tiempo cambió el guion. Fulham salió decidido a buscar el empate y encontró en Raúl Jiménez a su principal argumento ofensivo. El mexicano se botó para generar juego, ganó balones aéreos y abrió espacios para la llegada de Smith Rowe y Harry Wilson.
La jugada que marcó el partido llegó al minuto 57. Smith Rowe mandó un centro perfecto y Jiménez apareció solo, con ventaja, para conectar de cabeza. El estadio contuvo el aliento cuando el balón se estrelló en el poste. Segundos después, el rebote volvió a quedar en zona peligrosa, pero el gol simplemente no quiso llegar.
No fue la única. Minutos más tarde, el delantero volvió a intentar desde fuera del área, pero su disparo fue bloqueado. Dos oportunidades claras, una de ellas al metal, que pudieron cambiar por completo la historia del encuentro. El dramatismo estaba servido y Fulham seguía insistiendo.
La presión tuvo premio al 79. Tras una serie de rebotes y un nuevo intento ofensivo, Tom Cairney sacó un zurdazo desde fuera del área que venció al arquero y decretó el 1-1. El gol fue celebrado con intensidad, consciente de lo que significaba rescatar un punto en un partido de este calibre.
Empate con sabor a oportunidad perdida en la lucha por Europa
El tramo final fue abierto y tenso. Crystal Palace buscó reaccionar con cambios ofensivos, mientras Fulham apostó por cerrar espacios y explotar cualquier descuido. Hubo corners, faltas tácticas y centros constantes, pero el marcador ya no se movió.
Para Fulham, el empate sabe a poco y mucho al mismo tiempo. Se suma en una cancha complicada y ante un rival directo, pero la sensación de haber podido ganar está presente. Raúl Jiménez terminó el partido con gestos de frustración, consciente de que el delantero vive del gol y que esta noche el futbol fue cruel.
El contexto no es menor. Ambos equipos llegaron igualados en puntos y con la posibilidad de acercarse a los puestos europeos en una tabla apretada. El 1-1 mantiene todo abierto, pero también deja claro que cada detalle cuenta y que las oportunidades falladas pesan más cuando el calendario avanza.
Fulham mostró carácter, capacidad de reacción y un ataque que genera peligro constante. Crystal Palace, por su parte, volvió a dejar dudas en el cierre de los partidos. El empate refleja lo que fue el juego, intenso, disputado y cargado de emociones, aunque el nombre que más resonó fue el de un mexicano que rozó la gloria y se quedó con el grito atorado.