Domingo 21 de Abril de 2024 | San Luis Potosí, S.L.P.

La tormeta y el timón

José Luis Solís Barragán | 23/02/2024 | 18:12

Andrés Manuel López Obrador es un hombre que durante años generó una importante presencia en el sistema político mexicano, pero su arribo a la presidencia de la República en el 2018, fue un sisma que sacudió a una clase política y brindó esperanzas a una buena parte de la sociedad que vivía en el desencanto.

El hombre oposición llegó al poder con una legitimidad incuestionable, una alta expectativa se había generado a su alrededor, y la ciudadanía otorgó mayorías claras en los órganos legislativos; y si eso no fue suficiente, los órganos gubernamentales de elección popular de las Entidades Federativas abrieron sus puertas para los representantes de MORENA.

Ningún presidente de la época moderna de nuestro país a llegado a tener esas condiciones para ejercer el poder, su fuerza política no sólo imponía la agenda, sino que incluso arrinconaba a una oposición que a la se señalaba como: “moralmente derrotada”, con lo que logró articularse como el gran detentador del espacio público.

El Presiente logró con sus discursos ser el centro de su propia democracia, encadenó importantes órganos del Estado mediante férreas correas de transmisión que pronto desarticularon en buena medida un complejo andamiaje institucional que se había construido como mecanismo de contención de poder.

López Obrador es un hombre que ejerció el poder incluso antes de tenerlo legalmente, todos recordamos como Enrique Peña Nieto se eclipsó ante el nuevo gobernante que aún no podía ejercer funciones; y para el final de su mandato, aun cuando ya comenzó la carrera sucesoria, el tabasqueño, sigue firme en su determinación de ejercer toda la fuerza, hasta el último día de su presidencia; y si las circunstancias lo permiten, ser el liderazgo moral que acompañe al próximo sexenio.

Sin embargo, el sistema político mexicano tenía clara la premisa: “muerto el rey, viva el rey”; desde la concepción del partido preponderante, los presidentes mostraban su fuerza al designar sucesor, pero era también el momento de replegarse para que ambas fuerzas no terminaran por aniquilarse así mismas; y si esa regla no aceptaba excepción, a que el sistema se imponía sobre la voluntad del propio tlatoani, dejando que solamente el legítimo, pudiera ejercer el poder sin ataduras.

Todo hombre democrático, tiene claro que el poder es temporal, que hay plazo fatal para entregar al cargo al nuevo ungido; y lo que pocos tienen claro y no deberían olvidar, esque, en ese momento, los amigos del Palacio empiezan a esfumarse; que los enemigos se multiplican y se hacen más poderosos; y que todos aquellos monumentos y palacios que construyóla egoteca personal, no brindan ni protección, ni seguridad; y esta última lección, es quizás el gran pendiente del presidente.

López Obrador por su legitimidad había logrado en cierta medida postergar la tormenta que implica el inició del fin de su poder, si bien es cierto su quinto año vivió importantes reveces, la realidad es que se reponía y mantenía las manos aferradas al timón, pero en esta ocasión, la tormenta parece que se presenta con mayor fuerza.

La tormenta que atraviesa el inquilino del viejo Palacio Virreinal no es un tema menor, y no parecer ser transitoria; desde hace más de 70 días la honestidad de sus hijos se a puesto más en duda que nunca; sus excolaboradores han señalado desvíos importantes para apoyar “la continuidad”,el clima de inseguridad va en aumento, las demandas sociales para la atención en problemas públicos, rebasan la capacidad instalada del Gobierno; y para cerrar la tempestad, cuestionamientos que intentan encontrar nexos entre sus campañas presidenciales y el crimen organizado.

Una tormenta perfecta se empieza articular ante el hombre que decidió desafiar las reglas no escritas del sistema político mexicano, un timón desgastado y un capitán que sabe que se acerca el fin de su poder y además, está en juego su propio pase a la historia; ello tiene francamente al presidente fuera de su propio centro.

El Presidente por momentos con éxitos logra desdibujar la tormenta, pero es claro que cada vez esta adquiere mayor fuerza y López Obrador comete una mayor cantidad de errores como la confesión de injerencia al poder judicial; todo ello agrava la crisis a días de dar arranque a las campañas presidenciales.

La guerra por el poder está en su apogeo la duda sobre el timón y la tormenta es: ¿se impondrá el sistema político o el hombre que lo hizo temblar hace 6 años y quiso reinventarlo con sus propias reglas?

@josesolisb