Jueves 20 de Junio de 2024 | San Luis Potosí, S.L.P.

Duda razonable

José Luis Solís Barragán | 27/01/2024 | 00:07

LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN DEBE entenderse en dos direcciones, por un lado, el derecho de la persona a la libre manifestación de las ideas, pero a su vez, el derecho del ciudadano de conocer todos los puntos de vista que le permitan formarse una idea de los asuntos públicos.

PARTIENDO DE ESTE CONCEPTO de la libertad de expresión, el papel que desempeñan los periodistas es fundamental para la vida democrática de los países, dada su función que permite alimentar e incentivar el debate público, mediante información que exhibe los vicios del poder.

SIN EMBARGO, PESE A LA importancia de la función periodística, el ejercicio de la profesión se convirtió en una verdadera travesía en nuestro país, según algunas organizaciones, México es el país más inseguro para ejercer el periodismo, dejando un saldo de 163 asesinatos del año 2000 a la fecha.

ES IMPORTANTE RESALTAR QUE EL asesinato no es la única forma de violencia que viven el gremio periodístico, según cifras de la ONG Artículo 19, en lo que va del sexenio actual, se registrar 2,941 agresiones contra la prensa.

EN EL AÑO 2022 SEGÚN CIFRAS DE la misma organización, se documentó la existencia de 696 agresiones, tales como intimidación, hostigamiento, amenazas, uso ilegitimo del poder, alteración de contenidos, ataques físicos, privación de la libertad y asesinatos; de esta cifra, se puede decir que más del 40% fueron abusos reportados por funcionarios públicos, además de que el 50.5% de las víctimas, cubrían información relacionada con corrupción y política.

SI A ESTE CONTEXTO SUMAMOS que en el mismo año, el presidente de la República, emitió 176 comentarios que fueron considerados “estigmatizantes” contra periodistas o medios de comunicación, tenemos una combinación que permite articular un discurso sobre la crisis de la libertad de expresión y el desmantelamiento de la democracia misma.

UNA PERCEPCIÓN SOBRE LA debilidad del Estado en materia de protección al periodismo no abona en nada a la democracia mexicana; y la carga histórica por supuesto que deja más dudas que certezas sobre sí desde el poder se pretende hacer callar aquellas voces disidentes.

ES DIFÍCIL NO RECORDAR UN Estado autoritario que mediante diversos mecanismos tales como el monopolio del papel periódico, permitían ejercer presión sobre los medios de comunicación, y su evolución a través de la amenaza de la no renovación y/o cancelación de concesiones del espectro radioeléctrico conseguían la salida de periodistas que resultaban incómodos por la labor que desempeñaban.

LA OPOSICIÓN DEL SISTEMA DEL partido preponderante denunció por décadas diversas formas de censura contra el periodismo que ellos mismos calificaban de “no ser chayotero”, es decir un periodismo libre; con la transición democrática nuevamente fue la oposición la que hacía hincapié de posibles formas de censura, la izquierda denunció sin cesar el despido de Carmen Aristegui y otros casos más; todo ello, porque el periodismo crítico, permitía alimentar el discurso de los excesos del poder.

CON ESA CARGA HISTÓRICA, CADA que un periodista realiza una crítica y que sale de un espacio noticioso, es justa la existencia de la duda razonable sobre si desde el poder se ejerció algún tipo de presión sobre los medios de comunicación, nadie debería sorprenderse sobre dicho cuestionamiento.

SI A ESTA DUDA RAZONABLE sumamos que, desde la mañanera, se han planteado comentarios estigmatizantes e incluso un discurso de confrontación con medios de comunicación y columnistasque difieren con la administración, la duda razonable adquiere una mayor relevancia en el debate y en la percepción social.

ES CLARO QUE AZUCENA URESTI no salió de su noticiero en Milenio Televisión por un mutuo acuerdo de las partes, la forma, los tiempos y los señalamientos confusos que se realizaron en torno al tema, dejan más dudas que certezas y desde Palacio Nacional empujaron una narrativa que en lugar de remediar la crisis mediática, se alimento más el discurso de odio y con ello la percepción de que la sospecha tenía bases sólidas.

NADIE NIEGA EL DERECHO DEL presidente a expresarse y manifestar lo que el considera “su verdad” en lo que asume es una lucha titánica contra los poderes fácticos conservadores, pero ello no es razón para tener una confrontación permanente contra un gremio que se ha convertido en vulnerable por la situación crítica en la que se encuentra el ejercicio del periodismo.

ES DIFÍCIL CREER QUE EN EL último tramo de gobierno el presidente cambiará su narrativa con respecto a los medios de comunicación, pero seguir en el camino de la confrontación no es la ruta que se debe avanzar para fortalecer la democracia; y más cuando el discurso se alimenta de la idea de la transformación de la vida pública.

EL GOBIERNO DEBE RENDIR cuentas sobre este y muchos casos en que con las acciones de los funcionarios se pone en duda la libertad de expresión, pero la sociedad debe ser partícipe del proceso que proteja a aquellos que con su trabajo alimentan la democracia, porque seguir dejando dudas razonables por el camino, solo deslegitima la aspiración democrática de México.

@josesolisb