No cabía un alma. El 17 de marzo de 2018, la Plaza de la Mexicanidad, ubicada en Ciudad Juárez, Chihuahua, recibió miles de visitantes. Niños y adolescentes, algunos montados en hombros, miraban atónitos una gran pantalla.
Entre gritos, los asistentes celebraron la transformación de Goku en Ultra Instinto, crucial para vencer a Jiren, su último gran rival. Los motivos que desembocaron la escena comenzaron días antes.
Un usuario contactó vía Facebook a Armando Cabada, Presidente Municipal de Ciudad Juárez; le pidió transmitir el episodio 130 de Dragon Ball Súper en la mencionada plaza, ya que muchos no podían pagar para verlo en Crunchyroll.
Cabada se negó, pero luego de viralizarse la captura del chat en Internet, el 7 de marzo, el Edil anunció que sí emitirían el capítulo en el referido sitio. La pólvora pronto se regó.
El Gobierno de Ciudad Madero, Tamaulipas, informó de un evento similar. Mientras que el equipo de futbol Mineros de Zacatecas informó en sus redes que pasarían el capítulo en su estadio.
El asunto llegó a oídos de Toei Animation, dueña de Dragon Ball, quien se mostró en desacuerdo en mostrar el episodio en plazas públicas por violación a derechos de autor, pero nada detuvo a los fanáticos. Medios locales y extranjeros, reportaron en total 15 mil personas en Ciudad Juárez.
Dragon Ball inició transmisiones en Canal 5 de Televisa en la década de 1990 y se volvió un clásico. Si bien la creación de Akira Toriyama marcó época, el anime en el País comenzó a popularizarse años atrás.
De acuerdo con el artículo Softpower Otaku: de Japón a la Ciudad de México, publicado en 2019 en la revista Cuicuilco del INAH, los primeros animes que se transmitieron en México durante la década de 1970 fueron Astroboy, Meteoro y Kimba: el león blanco.
A falta de un registro histórico televisivo, contamos con la memoria viva. Trino Camacho, monero mexicano, contó en entrevista, para la revista académica Magis del ITESO, que su madre guardó unos dibujos que él hizo de niño de los animes Astroboy y Agente S5.
Camacho nació en 1961, su niñez transcurrió entre 1960 y principios de 1970. En ese tiempo, en el entonces Distrito Federal solo había tres canales del Telesistema Mexicano, hoy Televisa: 2, 4 y 5, según la programación de un periódico de la época (entonces el horario de los programas se informaban en el periódico). Era solo el inicio.
Revolución animada
Cristina Godos, académica que estudia las relaciones México-Japón en la UNAM, indicó en entrevista que el boom del anime y manga (historieta japonesa) ocurrió en 1990 con la emisión de Heidi, Candy Candy y Caballeros del Zodiaco en televisión abierta.
Aunque el anime hizo clic con la juventud mexicana, el término otaku se popularizó después. Godos explicó que un otaku es un concepto importado de Japón, y se refiere a una persona entusiasta del anime y manga. La población japonesa comenzó a usarla desde 1980.
Los jóvenes mexicanos pronto no se conformaron con lo que daban en la tele y buscaron alternativas para saciar su curiosidad.
Debido al alza en la demanda de productos de Japón y la incipiente apertura de México con el TLC, en vigor desde 1994, la maquinaria pirata, enclavada en Tepito, se activó. Los cazadores de material audiovisual en raw, o sea, un archivo en crudo, llenaron los tianguis capitalinos de copias de anime.
Samurai Champloo y Hokuto no Ken, entre muchos otros, se mostraban en diversos puestos a inicios del 2000, según recoge la tesis doctoral de la UAM Espectros de la Piratería elaborada por Fernando Ruiz.
Edgar Peláez, candidato al doctorado en la Waseda University, en Japón, y experto en cultura nipona, reveló, en una entrevista para la Embajada de México en Japón, que conoció a Evangelion en un VHS no oficial.
En la Capital, el empuje otaku y geek se materializó en el Bazar del Entretenimiento y el Videojuego inaugurado en Eje Central en 2003, hoy la Friki Plaza. Japón no pasó desapercibido el creciente interés.
Godos estableció que las relaciones con México se profundizaron con la firma del Acuerdo de Asociación Económica en 2005, el primer acuerdo de libre comercio de Japón con un país de Latinoamérica.
Gracias a esta alianza se fundó en noviembre de 2009 el Museo del Manga, un repositorio de historieta japonesa en CDMX, y aumentó la distribución autorizada del manga en México. La editorial Panini, por ejemplo, abrió su división de manga en 2014.
Peláez abundó que la penetración cultural de Japón ha rendido frutos. En Tokio existen diferentes tours, en el que las personas pagan por conocer las locaciones de animes.
Hay un recorrido para visitar los lugares de Tokio recreados en Your Name, cinta anime de 2016, y un recorrido por un bosque al sur de Japón que sirvió como modelo para La Princesa Mononoke, cinta de 1997 hecha por Studio Ghibli.
Actualidad otaku
César Muratalla, director de marketing en Bandai Namco México, aseguró en entrevista que el corporativo ve en México una de sus subsidiarias más importantes, por lo bien que los mexicanos han recibido a la cultura nipona.
Desde Bandai Namco, expresó Muratalla, cuenta con diversos modelos de negocio que han tenido éxito en México como gashapon (máquinas expendedoras con cápsulas que contienen personajes de anime o videojuegos), Ichiban Kuji (lotería japonesa en el que se pueden ganar figuras de colección), y coleccionismo.
En el último caso, tenemos al Gundam, modelos armables al más puro estilo Lego. En México, coleccionistas cazan modelos de edición limitada en redes de Bandai para sumar a estos robots a su colección privada.
Otra de las expresiones culturales de Japón es el cosplay, o disfrazarse de algún personaje de anime, videojuego o algún otro contenido.
Aline Castillo, cosplayer profesional, contó en entrevista que al principio decir 'soy otaku' era motivo de burla, pero gracias a la popularización del anime, en plataformas como Netflix, donde se puede ver Naruto, esto fue cambiando.
Castillo explicó que es cosplayer porque le divierte caracterizarse de algún personaje y ver qué tan bien lo representa.
Actualmente, el anime tiene un buen lugar entre los mexicanos. A través de plataformas como Crunchyroll, las personas pueden consumir animes como Attack On Titan, Spy X Family, Hunter x Hunter, Jujutsu Kaisen y Bluelock. Sin embargo, no es el único medio.
Marla Landa, diseñadora gráfica en Anime Onegai, plataforma de streaming de anime, sostuvo que la plataforma fue fundada en 2020 por la empresa japonesa Remow y eligió a México como su sede dado su gran interés por el anime.
En Anime Onegai se pueden ver producciones como Itakiss, Yowamushi Pedal y Overflow, animes de nicho o culto que se pueden consumir tanto en japonés como doblados al español por la misma Onegai, quien cuenta con estudios de doblaje en CDMX.
Landa manifestó que el término otaku no solo se asocia con jóvenes, pues en la plataforma los datos demuestran que los consumidores van desde los 18 hasta 40 años.
La relación México-Japón va más allá de un enamoramiento y se perfila como un matrimonio duradero. El pasado Bandai Namco Summit, celebrado el 8 de noviembre en CDMX, la empresa puso al País como el segundo mercado más grande de anime, después de Brasil, y proyectó un crecimiento de 43 por ciento los siguientes dos años.