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espectáculos

Wonka: Un musical que recuerda al viejo Hollywood

Agencia Reforma | 08/12/2023 | 08:32

El autor inglés Roald Dahl publicó su novela "Charlie and the Chocolate Factory" en 1964, y siete años después él mismo la adaptó para la pantalla grande.
 
Willy Wonka y la Fábrica de Chocolate no fue un éxito instantáneo, pero con los años se convirtió en un clásico muy querido por las masas, tanto, que Tim Burton decidió hacer su propia versión, la cual se estrenó en 2005 con considerable éxito comercial y de crítica.
 
 Ahora llega Wonka, una precuela que no está basada en ningún medio preexistente más allá del personaje que ya conocemos, pero imaginando cómo es que llegó a ser aquel exitoso chocolatero. Los materiales promocionales dejaron mucho que desear, e incluso escondían el hecho de que se trata de un musical.
 
 Qué sorpresa, entonces, que resultara ser una película perfectamente encantadora y una excelente propuesta navideña para llevar a toda la familia.
 
 Aquí, Wonka es todo inocencia y no tiene nada que ver con lo extravagante -y hasta siniestro- de su versión del futuro. Lo mismo se podría decir de la película en sí, una confección tan carente de cinismo que recuerda a los musicales hollywoodenses de antaño, y con un tono tan vivaz y conmovedor como no lo habíamos visto desde El Regreso de Mary Poppins.
 
 Tampoco es coincidencia que en muchos aspectos el filme remonte a las películas de Paddington, ambas dirigidas y coescritas por Paul King, al igual que Wonka.
 
 King realmente ha amaestrado el arte de crear aventuras con las que es fácil empatizar, que están llenas de nostalgia, guiños e imaginación, y que además cuentan con grandes repartos británicos a los que se les da la suficiente individualidad para deslumbrar... y hacer reír (Hugh Grant, como el nuevo Oompa-Loompa, es particularmente notable).
 
 Al centro, sin embargo, está Timothée Chalamet, quien se nota que no está en su elemento en las secuencias musicales más bombásticas, pero que lo deja todo en cada plano.
 
 Ayuda, además, que las canciones de Neil Hannon son un deleite -valga la redundancia- y responsables de varios de los momentos más memorables de la película, como ese viaje por los cielos que de alguna manera involucra jirafas, globos, y espectaculares vistas inglesas. En este mundo no hay imposibles.