¿Qué dejaron atrás las civilizaciones del pasado? Para los arqueólogos, esta pregunta puede ser difícil de responder. Los restos de edificios y otros yacimientos pueden ser casi imposibles de detectar. La culpa la tienen los estragos del tiempo y la naturaleza, que pueden cubrir antiguos muros y cimientos con árboles, vegetación, agua, tierra y otros elementos.
Para ello, el LiDAR, una de las herramientas modernas más interesantes de la arqueología, acude al rescate. El LiDAR (Light Detection and ranging) ha cambiado la arqueología al permitir medir y cartografiar objetos y estructuras que, de otro modo, permanecerían ocultos.
El LiDAR moderno se basa en sensores láser que se despliegan desde el aire o mediante unidades portátiles. Cuando los láseres iluminan la zona que se quiere cartografiar, emiten breves pulsos de luz. Se mide el tiempo que tardan esos pulsos en reflejarse en el instrumento, y cada medición se traza mediante GPS. Los ordenadores utilizan esos datos para construir un mapa tridimensional de la zona.
Adaptación de la tecnología militar
Uno de los puntos fuertes del LiDAR es su capacidad para detectar pequeñas anomalías en la superficie que indican la existencia de yacimientos pequeños, como tumbas, o grandes, como ciudades hundidas. Pero el LiDAR tiene sus limitaciones: no puede llegar al subsuelo y los árboles de las zonas boscosas a veces pueden hacer que no se detecten las características.
Aun así, su precisión es muy apreciada por los arqueólogos, que lo utilizan para cartografiar la topografía, planificar excavaciones y localizar yacimientos arqueológicos que nunca podrían ver a simple vista. Es relativamente rápido y barato en comparación con las excavaciones arqueológicas, y puede ofrecer una visión de alto nivel a la que no tienen acceso los investigadores que se centran en unos pocos yacimientos sobre el terreno.
La tecnología se inventó para uso militar, pero fue usada primero por meteorólogos que perseguían estudiar las nubes. El primer prototipo LiDAR fue construido en 1961 por Hughes Aircraft Company, que había construido el primer láser un año antes. Uno de los primeros beneficiarios del LiDAR fue el programa espacial estadounidense; la tecnología se utilizó para cartografiar la Luna durante la misión Apolo 15 de 1971. Hoy en día, el LiDAR es más realista y se utiliza para encontrar pistas arqueológicas tanto en la superficie como en el agua.
"Revolución arqueológica"
A la teledetección se le atribuye una "revolución arqueológica" que está cambiando la forma en que los investigadores conciben su trabajo. A principios de la década de 2010, los arqueólogos que buscaban pruebas de yacimientos mayas difíciles de encontrar quedaron asombrados cuando LiDAR reveló una ciudad maya perdida.
En otro caso, los investigadores utilizaron LiDAR para detectar más de 20 000 rasgos arqueológicos de un yacimiento aparentemente menor en México que en realidad había albergado una antigua ciudad. "En 45 minutos de vuelo, el equipo de LiDAR realizó un estudio arqueológico de una década", afirmó el antropólogo Christopher Fisher en un comunicado. El LiDAR batimétrico descubrió incluso una villa romana en Croacia.
LiDAR no sólo revela lo que está oculto: también puede documentar lo que ya se ha encontrado. La tecnología se está utilizando sobre el terreno para cartografiar estructuras como la catedral de Notre Dame de París y el Salone dei Cinquecento de Florencia (Italia).