Jueves 18 de Abril de 2024 | San Luis Potosí, S.L.P.

El problema sigue ahí

José Luis Solís Barragán | 30/09/2023 | 00:14

Justo leía las noticias de los jóvenes zacatecanos que sucedieron una vez más país, y decidí comenzar a redactar estas líneas que permitiera compartir un breve comentario sobre el estremecimiento por las víctimas que día a día se incrementan a lo largo y ancho del país.

Empezaba a escribir y justo recordé otras columnas que había redactado por acontecimientos similares que causaron tristeza y rabia por la incapacidad de un Estado para cumplir con una de sus funciones principales, es decir seguridad para los ciudadanos.

Zacatecas revivió en mi mente los acontecimientos de Jalisco, Sinaloa, San Luis Potosí, Guerrero, Tamaulipas, Guanajuato, Veracruz, Chihuahua, Sonara y tantas Entidades Federativas más, que han sido objeto de notas nacionales que muestran la vulnerabilidad de los ciudadanos, frente a organizaciones que pareciera tienen la capacidad de pasar incluso por encima del Estado.

Cada suceso de jóvenes, mujeres, niños, adultos y personas de la tercera edad, víctimas de los acontecimientos que sacuden a este país, es en gran medida por el grado brutalidad, lo insólito, o incluso simplemente porque no habíamos dimensionado la forma en que opera la delincuencia organizada.

Hoy si hacemos una pequeña reflexión, encontraremos que hay hechos delictivos que hemos normalizado, como sociedad se ha generado cierta tolerancia, misma que tiene un importante grado de relación con la poca capacidad asombro, ello evidentemente por el entorno que nos rodea.

Hoy autoridades y sociedad viven en un letargo permanente, derivado en gran medida por el miedo, la corrupción, la impunidad, la comodidad y la indiferencia, todo ello generando un Estado reumático que no esta a la altura de los retos complejos que vive el país.

Pasan los días, los meses y años, administraciones vienen y van; políticos y sus colores pasan, pero no se ha mostrado la capacidad para atender la inseguridad, el país carece evidentemente, de una estrategia sólida y efectiva que ponga fin al problema que más duele a los mexicanos.

La inseguridad se convirtió para la clase política en un problema que debíamos administrar, la solución se vende en las campañas como una varita mágica que con el arribo al poder se esfumaran los problemas; para las soluciones reales, no hay respuesta, todo puede esperar mientras en la percepción social se crea que vamos caminando.

Administrar la inseguridad a sido sin duda el negocio de los gobiernos, se crean instituciones, proyectos y programas, que, a la llegada del próximo gobierno, habrá que reinventar, cada que una Secretaría asume el mando de la estrategia, va acompañada de carretillas con los millones de pesos del presupuesto, de Seguridad Pública pasaron a Gobernación y ahora a las Fuerzas Armadas.

La inseguridad es sin duda el problema público que más duele a los mexicanos, cada día la cercanía que existe entre las víctimas de la inseguridad y la mayoría de los ciudadanos es menor; y pese a ello no encontramos la salida.

Es necesario romper la ceguera de la normalización, es fundamental abrir las puertas y ventanas que permitan que despertemos del letargo en que nos encontramos sumidos sociedad y gobierno, es hora de dejar de administrar el problema, para pasar a soluciones de fondo.

Hace unos meses retomaba una frase de Ismael Serrano, y esta premisa está más viva que nunca: “Que la tristeza, si es compartida, se vuelve rabia que cambia vidas...”, esperemos que esta tragedia que se suma a la lista, nos permita romper las cadenas del miedo y la corrupción, para avanzar rumbo al país que se merecen las futuras generaciones.