La Gran Hambruna que afectó a la isla a mediados del XIX fue la causante de la diáspora irlandesa. La patata era el alimento fundamental de los más pobres, pero una enfermedad del tubérculo arruinó su cultivo. Los pobres no podían permitirse comprar otros alimentos, lo que provocó el éxodo de millones de irlandeses, sobre todo a Gran Bretaña y Estados Unidos, pero no solo a estos dos países, sino también a Australia, México, Francia o Argentina.
Dicen que en la última década del XIX dos de cada cinco personas nacidas en Irlanda vivían en el extranjero. Un país que nunca ha recuperado su población, que se redujo a la mitad a principios del XX. Desde la fundación de Irlanda como Estado en 1922 hasta los años 70, más de un millón de personas abandonaron la isla para contribuir a la reconstrucción de Gran Bretaña tras la Gran Guerra.
Como Halloween
Los irlandeses por el mundo han contribuido a crear la historia de su país y la de los países de adopción, como William Brown, creador de la Armada Argentina, o William Lamport, adalid de la independencia mexicana, la primera en América. Una influencia que ha crecido y se ha extendido a lo largo del tiempo en todos los aspectos: culturales, sociales o artísticos, y por supuesto también en la fe cristiana. San Patricio es el santo patrón de Irlanda y San Patricio ha viajado junto a sus paisanos por toda la tierra estableciéndose con ellos allí donde han vivido.
La paradoja es que Maewyn Succat, su nombre original, no nació en Irlanda sino que, como si de una metáfora de la emigración masiva y futura del país que le acogió, cuentan que fue llevado allí desde Gran Bretaña prisionero de unos piratas que lo vendieron como esclavo hasta que decidió ordenarse sacerdote y llamarse Patricius en una historia que se empieza a perder, a difuminar, no por poco histórica, casi igual que la dispersión irlandesa. Un poco al modo de Halloween, su relato se mezcla con los mitos y las costumbres, y su figura y sus hechos van poco a poco escondiéndose bajo la parafernalia de la fiesta humana, internacionalizada y con raigambres locales características y distintas unas de otras con elementos simbólicos comunes.