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Dios, no mira tus defectos (Homilía)

El que te ama, no subraya tus errores. Porque el amor, solo mira lo bueno que hay en ti. 

 

Amar, también es esperar. Y el que sabe amar, nunca desespera; porque  siempre mira  hacia el futuro, y sabe que en cualquier momento, saldrá lo bueno que llevas dentro.

 

Alguien dijo, que el amor es ciego. Y esto, no significa que el enamorado esté ciego; el que ama, sabe de tus carencias, pero valora, y se fija en tus virtudes. 

 

Y lo mismo pasa  con el amor de Dios, Él, todo lo ve, pero hay cuestiones que prefiere ignorar.

 

El amor de Dios es muy trasparente, y ve más allá de nuestras limitaciones; porque sabe de lo bueno, que hay en cada uno de nosotros.

 

Así lo dice el libro de la Sabiduría: “Te compadeces de todos, y aunque puedes destruirlo todo, aparentas no ver los pecados de los hombres, para darles ocasión de arrepentirse. Porque tú amas todo cuanto existe y no aborreces nada de lo que has hecho; pues si hubieras aborrecido alguna cosa, no la habrías creado”.(Sab.11).

 

Lo que existe, fue hecho por amor; y Dios, no desprecia su propia obra. Ya que a todo le dio vida,  porque lo amó, desde antes de existir.

 

El Señor, tampoco mira hacia atrás; Él no ve tu pasado, Dios pone su mirada, en lo que podemos llegar a ser. 

 

Y eso, fue lo que pasó con Zaqueo, el personaje del que hoy nos habla  Lucas: “ Hoy ya llegado la salvación a esta casa, porque también él es hijo de Abraham, y el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido”. (Lc.19).

Dios no quiere tu condena; Él, está dispuesto a dar hasta su vida, con tal de que te salves.

 

Pero, no hay un hombre nuevo, sin una mirada de amor. Y eso, mismo le sucedió a Zaqueo; Jesús puso su mirada en él, y al hospedarse en su casa, entró a alojarse en su vida. Y por amor,  Dios hizo de Zaqueo,  a un hombre nuevo.

 

Por tanto, no olvidemos, que no es la condena, ni el juicio, lo que nos salva; es el amor lo que nos redime.

Pbro. Lic. Salvador Glez. Vásquez 

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