Domingo 29 de Enero de 2023 | San Luis Potosí, S.L.P.

La claudicación del asombro

José Luis Solís Barragán | 11/07/2022 | 00:16

C O M P A R T I R:

Uno de los argumentos centrales de los textos del principito de Antonie de Saint-Exupéry; y el mundo de Sofía de Jostein Gaarder, consiste en que el ser humano al llegar a la edad adulta pierde la capacidad de asombro y es justo en ese momento, en que nos desorientamos de lo que realmente es importante.

 

Me permito retomar está reflexión, ya que en el país convulsionado en que estamos viviendo, parece que el asombro claudicó en la vida de los mexicanos; ya hemos normalizado situaciones que como sociedad debiera generarnos repudio, pero en este momento muchas de ellas, las hemos trivializado.

 

Como sociedad hemos dejado de asombrarnos por la escalada de violencia, tendencia que se vive desde hace varios años, pero hemos logrado normalizarla en la mayoría de los casos.

 

¿Cuántos actos de violencia hemos visto en los últimos años? Y pese a que las manifestaciones de la delincuencia suben de tono, como sociedad no pasamos del lamento inicial y todo sigue igual.

 

La mayoría de la sociedad claudicó a asombrarse por los actos de corrupción, incluso hemos justificado que el fenómeno es un tema cultural y ¿Qué vamos a hacer, si se encuentra en nuestras venas?

 

Son múltiples los escándalos de corrupción que hemos sido testigos, sin embargo, pasa la indignación inicial y todo continua igual, sobres con efectivo para aportaciones, casas como vínculos de posibles conflictos de interés, obras de infraestructura con sobreprecio y en algunos casos como el paso express, de mala calidad.

 

La claudicación del asombro nos ha permitido dejar pasar, la forma en como son exhibidos diversos miembros de la clase política que, con filtraciones, nos han mostrado mezquindad, corrupción y en algunos casos hasta racismo, pero después de algunos días, todo pasa al olvido.

 

Hoy en día, no genera ningún asombro el conocer que los índices de pobreza del país después de la pandemia del COVID-19 se vieron incrementados, que un mayor número de personas padecen pobreza alimentaria y salarial, que la inflación afecta a toda la población y ello reduce el número de personas que pueden acceder a la compra de la canasta básica.

 

 Y como estos, podremos ver un sin número de cosas en que hemos perdido el asombro, tales como el resquebrajamiento del tejido social, de la persistencia de los políticos de violar la Ley electoral, de la falta de legitimidad que padecen las fiscalías y el propio poder judicial, entre otras.

 

Sin duda alguna el Estado mexicano vive una compleja situación, en la que existe una evidente desvinculación entre la ciudadanía y sus autoridades, actualmente estamos viendo espacios donde el Estado simplemente parece no existir.

 

Es momento que como sociedad recobremos la capacidad de asombro, que hagamos una pausa y caminemos hacía la conversión en una sociedad activa y actuante, que exija cuentas, que nos asumamos como garantes del Estado de Derecho y sobre todo que evaluemos el desempeño de la vida pública.

 

No olvidemos aquella máxima de Rousseau: Cuando el ciudadano dice de la cosa pública: ¿Qué me importa?, el Estado está próximo a su ruina. De está forma, o recobramos la capacidad de asombro para repensar nuestro México, o de lo contrario estaremos dando un salto al vacío.