Sábado 25 de Junio de 2022 | San Luis Potosí, S.L.P.
C O M P A R T I R

Uno de los cuatro acuerdos

Clara Villarreal | 20/06/2022 | 12:08

Todos lo necesitamos

Deja que las palabras sean solo eso, palabras y verás cómo te haces más fuerte.

Todos tenemos nuestros botones. Aquellos que si los presionan son capaces de desatar una tormenta emocional y que nos exponen ante los demás en una versión mucho menos agradable de nosotros mismos.

Casi siempre son palabras... o gestos... o acciones... los que logran reventar el hilo de la cordura y nos llevan a explotar con la peor grosería del mundo, el llanto incontrolable, el golpe del punto sobre la mesa o, en ocasiones extremas, sobre el rostro de alguien más.

Justo así le paso a Bo Cruz, protagonista de la película Hustle. Bo es un chico con muchísimo talento deportivo que se encuentra frente a la oportunidad de su vida para pasar de ser un trabajador de la construcción a un jugador profesional de basquetbol. Enfrenta algunos obstáculos que le bloquean el paso, como toda película de superación. Pero ni el cansancio, ni el desconocimiento, ni las desventajas sociales son los elementos que ponen su carrera en peligro... sino sus reacciones violentas por no saber filtrar las palabras que le dicen.

El joven enfrenta a la competencia de otros basquetbolistas que, igual que él, desean una oportunidad en la NBA y hay uno, en particular, que detecta que palabras son las que lo hacen perder el control, en otras palabras, le encontró el punto débil. Desde luego, lo hace con toda la intención de eliminarlo de la competencia el cual lo logra sabiendo el poder de sus palabras. Al menos, hasta ese momento de la película.

Lo que le pasa a Bo también nos puede pasar a nosotros y es que el joven basquetbolista, en su apasionamiento e ingenuidad dejaba que cada palabra que le decían entrara hasta lo más hondo de su ser, como si fuera verdad, como si fuera lo único que existiera.

En una vida más cotidiana y terrena, nos puede pasar que perdamos el control en una junta de trabajo, en una discusión de pareja, al corregir a nuestros hijos o hasta en medio de un embotellamiento.

Sin embargo, ya lo decía Miguel Ruiz, quien sintetiza la sabiduría tolteca en su libro Los cuatro acuerdos: “No te tomes nada personal”. Esa, es la mejor manera de mantener la paz con nosotros mismos, estar más conectados con quienes somos y, por supuesto, con quienes nos rodean.

Lo que los demás digan, puede estar bien, o regular o mal, pero nada tiene que ver con nosotros. Ojo, eso aplica tanto para los insultos, como para los halagos, pues no falta la gente que, con tal de lograr lo que quiere, está dispuesta a endulzarnos el oído.

Es una tarea difícil, pero que con la práctica podemos ir dominando. Dejar que las palabras sean solo eso, y sean reflejos de quien las dice y no necesariamente de nosotros.

No te tomes nada personal.

Setas dispuestas a asumir ese acuerdo?

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