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Desde el arte, denuncian dificultades de ser madre

Agencia Reforma | 10/05/2022 | 01:05

En cuántas mujeres, al momento de ser madres, frustradas y cansadas, no cruza por la cabeza la frase "No tengo tiempo de nada".

 

 La maternidad es dura, pero está tan romantizada que se ha tejido alrededor de ella un pacto secreto: no decir ni hablar de las dificultades que encaran.

 

 A partir de su propia experiencia con sus hijas e hijos, y tras un trabajo de investigación, las curadoras Helena Chávez Mac Gregor y Alejandra Labastida buscaron "abrir los problemas" de ser madres, y hacerlo desde el campo del arte contemporáneo de los últimos 20 años.

 

 "Ésta no es una exposición celebratoria de la maternidad", ataja Chávez Mac Gregor, ante un mural de la artista Carmen Winant, compuesto por dibujos de sus hijos y elementos del archivo histórico de la feminista Silvia Federici, promotora en los años 70 del trabajo doméstico remunerado.

 

 Esta instalación abre, en el MUAC, la exposición Maternar, Entre el Síndrome de Estocolmo y los actos de producción.  

 

 Un conjunto de 47 obras que, con una mirada social crítica, desvela el reparto desigual del trabajo y del cuidado infantil.

 

 "Es absurda toda la división de trabajo y la estructura de la familia nuclear que ha impuesto el capitalismo, que no da ni para el cuidado ni para el sostenimiento", dice Chávez Mac Gregor en entrevista.

 

 En un intercambio epistolar con el artista y cineasta Simon Gush, la curadora le hace saber que la maternidad le genera "mucha frustración y rabia" porque no podía trabajar como antes.

 

 "Comprendí que la productividad se basaba en la exclusión del cuidado. Esa estructura no sólo es injusta, sino que hace la vida imposible para millones de mujeres", le escribe en una de las misivas incluidas en el catálogo de la exposición.

 

 Uno de sus ejes de la muestra alude justo a eso: cómo, con la maternidad, se experimenta algo parecido al síndrome de Estocolmo, pero no son los hijos los secuestradores sino un sistema desigual.

 

 "Bajo los relatos románticos del amor desinteresado se esconde un círculo de precarización del trabajo productivo que se asemeja a un síndrome de Estocolmo", expresan las curadoras.

 

 Y es que la maternidad es dura y difícil, pero romantizada por los discursos ideológicos tanto culturales como estatales. El estado necesita la reproducción de la vida para poder continuar.

 

 La exposición cuestiona el mandato de la maternidad: "¿De dónde viene este deseo? ¿Es nuestro? ¿Es impuesto? ¿Social? ¿Histórico? ¿Qué implica ser madre?". Y sostiene la necesidad de hablar el tema de manera pública a sabiendas de que "sostener la vida es muy complejo".

 

 La palabra "maternar" ha estado cada vez más presente en el vocabulario de la sociedad en la última década, y la curadoras optaron por ella, distinta a "maternidad", porque ésta última refiere sólo a un sujeto: la madre; el diccionario de la RAE remite a una mujer que ha sido madre o ha parido.

 

 En cambio, explica Chávez Mac Gregor, académica del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, el término "mothering" refiere al cuidado de gente mayor, adultos o niños y no está identificado ni con una madre, ni con una mujer u hombre, sino que puede ser cualquier sujeto.  

 

 Materna, entonces, se propone no como una condición exclusiva de las mujeres, sino como "una acción de cuidado y sostenimiento de la vida".

 

 Plantean los "actos de producción" como salir de una dicotomía entre trabajo productivo y reproductivo y pensar en los actos de producción como "actos de habla, cuidado, sostenimiento, de amor, ternura", que para las curadoras implica "politizar la maternidad".

 

 Las 47 obras exhibidas en la muestra, que también contó con la curaduría de Claire Fontaine y de Gush, apenas representan del 30 al 40 por ciento de lo hallado en la materia por las curadoras, y dan cuenta de cómo la experiencia de la maternidad está presente en el trabajo de los artistas de una forma crítica.

 

 La compañía alemana Flinn Works, dedicada a temáticas feministas y poscoloniales, creó para la exposición una videoinstalación acerca de la subrogación del embarazo. Con actores, representa los distintos roles en la dinámica de los "vientres de alquiler": desde una pareja gay que desea un hijo hasta la mujer que dirige una clínica de subrogación.

 

 Ucrania era el país europeo con mayor subrogación, y ahora, con la guerra, hay más de dos mil mujeres a la deriva, sin papeles para moverse ni un gobierno que se haga cargo, expone Chávez Mac Gregor.

 

 Durante un recorrido por la muestra, la curadora se detiene ante la pieza más dura de la exposición: Mater amatísima, de la artista peruana María Ruido, acerca de las madres arrepentidas.

 

 Son las "malas madres", que "no necesariamente odian a sus hijos, sino que odian ser madres en el sistema capitalista patriarcal o en el sistema social que lo ha generado, y aún siguen el mandato de la maternidad sin quererlo".

 

 Eso deriva en dinámicas muy violentas cuyo límite es el infanticidio.

 

 Ruido ofrece en su ensayo una relectura de Medea como una mujer que no quiere ser madre, y toma un caso real en España de una niña vasca, Asunta, asesinada por sus padres, quienes la habían adoptado cuando solo tenía un año.

 

 La exposición también se interroga sobre lo que significa ser madre en México, en condiciones de violencia extrema.

 

 La artista jalisciense Paulina León, por ejemplo, retoma las consignas de las marchas feministas en bordados en manta donde destaca una frase donde las madres cuestionan la desaparición de sus hijos: "¿Y si yo lo encuentro, qué?". Una pieza que se presenta como un reclamo de las buscadoras al Gobierno mexicano.

 

 Las curadoras buscaron incluir a artistas de los pueblos originarios, como Maruch Méndez, pintora y escultora tzotzil de San Juan Chamula, con su narración en dos óleos en gran formato de la vida de sus seis hijos adoptivos que la comunidad le entregó: lo que comían, lo que cantaban y lo que jugaban quedaba representado en una de las obras, mientras que la otra daba cuenta de cómo los crió y lo educó.

 

 Por otra parte, el Colectivo NoSinMiPermiso denuncia la esterilización forzada de mujeres indígenas durante la dictadura de Alberto Fujimori en Perú con su instalación Mi cuerpo no es tu campo de batalla.

 

 Mientras que, también peruana, la artista Daniela Ortiz evoca los motivos clasistas, patriarcales y racistas del Estado español en un tema de custodia de menores; en uno de sus performances, por ejemplo, se trasfundió sangre de un hombre español estando embarazada, en alusión a que España estaba otorgando ciudadanía a recién nacidos si tienen sangre ibérica.

 

 Y se recogen posturas más radicales, como la de artista japonesa Ai Hasegawa con Quiero dar a luz un delfín, una ficción ecofeminista en video donde simula parir un delfín.

 

 Detrás de esta pieza está el cuestionamiento sobre la reproducción humana en una época de hacinamiento y crisis ambiental. Una obra que ha interesado en particular al público más joven, comparte Chávez Mac Gregor, que se cuestiona tener hijos.

 

 Maternar, Entre el Síndrome de Estocolmo y los actos de producción permanecerá abierta al público hasta el 3 de julio de 2022.

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